Ian McGuire: «Me interesaba explorar hasta qué punto se puede escapar del pasado»

El escritor publica «El abstemio», un «thriller» histórico situado en Mánchester en 1867

La obra de McGuire indaga los traumas de Irlanda
La obra de McGuire indaga los traumas de Irlanda

Profesor de Escritura Creativa en la Universidad de Mánchester, Ian McGuire (Hull, 1964) logró un éxito de público y crítica con La sangre helada. Ahora publica El abstemio (Seix Barral), un thriller histórico que transcurre principalmente en Mánchester en 1867. Protagonizado por dos irlandeses: James O’Connor, un policía que se traslada a esa ciudad para combatir a los fenianos, una sociedad secreta que fue un embrión del IRA; y Stephen Doyle, un exsoldado que luchó en la Guerra de Secesión de Estados Unidos y viaja a la ciudad inglesa para ayudar a los independentistas. Su novela ha sido comparada a un The Wire «con luz de gas» y McGuire, calificado como «el Dickens del siglo XXI» por el novelista dublinés Roddy Doyle en The New York Times.

-¿Cómo surgió esta novela?

-Fue cuando supe del incidente con el que comienza, el ahorcamiento de tres irlandeses en Mánchester en 1867, un hecho que no conocía pese a que llevo mucho tiempo viviendo en esta ciudad. Es algo que se ha olvidado en Inglaterra, pero está presente en Irlanda, donde se les considera mártires. Me pareció un tema muy interesante que nadie había tratado y daba para una novela, que desde el inicio me quedó claro que iba a tratar de terrorismo, violencia política y de por qué ciertas personas están dispuestas a cometer atrocidades, incluso a arriesgar sus vidas, por un causa política, un ideal nacionalista. Aunque se basa en hechos sucedidos en el siglo XIX, tiene sintonía con el presente.

-¿Qué tiene de especial esa época y ese escenario?

-Mánchester era un lugar muy especial en 1867, seguramente la primera ciudad industrial del mundo, conocida por sus fábricas, que abastecía de productos textiles al Imperio británico. También era conocida por las desigualdades sociales, había industriales muy adinerados y obreros muy pobres. Contaba con una comunidad irlandesa muy grande, un 20% de la población, y había mucho miedo a que simpatizaran con la revolución y generaran el caos y el desorden.

-¿Se inspiró en alguien para componer a los dos protagonistas del libro?

-O’Connor se basa en los policías irlandeses que eran trasladados a Mánchester para ayudar a los británicos a lidiar con los fenianos. No queda mucho rastro de lo que hicieron, solo algunas cartas en las que daban a entender que sus colegas ingleses los miraban por encima del hombro. Eso me ayudó para imaginar cómo era ser un policía irlandés atrapado entre los dos bandos y sin la confianza de ninguno. Para Doyle, me basé en los excombatientes irlandeses de la Guerra de Secesión. Tenía sentido que los fenianos intentaran reclutar a esos perfiles que tenían mucha experiencia militar.

-¿Por qué decidió escribir ficción histórica?

-Al principio pensé que tendría que pasarme meses y meses haciendo pesquisas, buscando información. Y es verdad que hay que hacerlo, pero siempre hay mucha información que no vas a descubrir nunca, muchas brechas... y no sabemos qué pensaba determinada persona cuando hizo tal cosa. Por eso me interesa escribir ficción histórica, porque el papel de la imaginación es decisivo y te da mucha libertad. Creía que estaría muy encorsetado por los hechos históricos, pero no es así, porque una vez que has completado tus lecturas y pesquisas tienes que tirar de tu imaginación para ir rellenando los huecos.

-¿Cómo se consigue interesar al gran público de todo el mundo con una novela localista que transcurre en el siglo XIX?

-Si tienes una historia fuerte, un buen argumento y personajes interesantes, no importa si está ambientada en el siglo XXII o en el XIX , atraparás al público igual.

-La lucha entre O’Connor y Doyle es más personal que ideológica.

-Me interesaban las similitudes entre dos hombres que tienen mucho en común, aunque se encuentran en bandos diferentes. Ambos son foráneos en Mánchester; los fenianos no confían en Doyle y la policía tampoco en O’Connor; comparten experiencias dolorosas de su infancia y su juventud y luchan por enfrentarse a su pasado. Quería que fuera una metáfora de lo que es Irlanda, de los traumas del pasado que ha experimentado. Me interesaba explorar esa idea de hasta qué punto puedes dejar atrás el pasado y escapar de él. Eso funciona a nivel personal y político.

-¿Le costó mucho dar con ese final de la novela tan inesperado, que se sale de lo habitual?

-Sí. Es la tercera versión que inventé, tenía otras posibilidades más obvias, incluso un final feliz, pero es el único que me parecía que funcionaba. Hay a quienes les encanta y a quienes no les gusta nada. Quería acabar la novela diciendo que los ciclos de violencia no se detienen y se traspasan de generación en generación. Este es el final de la novela, la próxima generación acarreará sus propias mochilas.

-En la novela están presentes la violencia terrorista y la policial.

-Las violencias más obvias son la de los fenianos y la del Gobierno británico. Pero tanto El abstemio como La sangre helada se interesan por la manera en que el Imperio británico se basaba en la violencia contra los colonizados, en este caso los irlandeses, que contraatacaron con su propia violencia. Me interesaba explorar por qué ciertos tipos de violencia parecen ser más aceptables, por qué a una violencia se le llama terrorismo y a otra no, por qué los ahorcamientos públicos son una expresión de ley y orden.

«Las novelas resistirán a las series de televisión»

El diario The Guardian comparó el tratamiento de los entresijos policiales en El abstemio con el que hace la serie televisiva The Wire. «Es un elogio porque es maravillosa -asegura-. Series como esa son una forma de arte con un formato brillante», añade. Pero «la novela no va a desaparecer, soy muy optimista; pese a que hay quien dice que se la comerá la televisión, resistirá, aunque las series son otra manera de contar historias muy poderosa».

-¿Qué papel debe desempeñar un escritor en la sociedad actual?

-Estoy de acuerdo con lo que respondió Iris Murdoch cuando le preguntaron algo parecido. Tu responsabilidad como escritor es con tu trabajo, tienes que ofrecer la mejor novela que puedas, pero como ciudadano tienes que involucrarte y participar.

-¿Qué opina del «brexit»?

-Voté no. Es un error, triste y lamentable. Pero es interesante preguntarse por qué la gente votó sí. No todos los que lo hicieron son racistas o de ultraderecha, su motivación fue un nacionalismo nostálgico, una nostalgia de Gran Bretaña como ideal de país separado e independiente que en parte se basa en esa idea del Imperio que fuimos, una potencia mundial. En parte tiene que ver con la Segunda Guerra Mundial vista como un momento en que Gran Bretaña se mantuvo sola y aislada. Son fantasías nostálgicas. Es retrógrado mirar atrás constantemente con una idea del pasado que no es realista.

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