«La maldición de Lake Manor», el mal está fuera, o sea, dentro

La película de Roberto De Feo se apunta con claridad al terror gótico aunque, en muchas ocasiones, el humor negro asoma con fuerza

Fotograma del filme «La maldición de Lake Manor»
Fotograma del filme «La maldición de Lake Manor»

«El mal está fuera», dice la madre, esquelética viuda enlutada, todo ojos. Y el niño viejo, de trece años, condenado a vivir un doble encierro de por vida, no entiende el motivo por el que no puede abandonar la centenaria mansión familiar, erguida como un castillo en medio del bosque, rodeada de un alto muro y administrada por una única puerta de hierro, deteriorada por cientos, miles, de raspaduras exteriores, como las marcas que dejarían las grandes garras de un animal mítico. La segunda cárcel del adolescente es la silla de ruedas a la que vive pegado desde hace diez años; una noche neblinosa sufrió un accidente de coche, siniestro en el que su padre murió.

Mamá ensaya una y otra vez con su pupilo inválido. El niño toca el Claro de luna de Beethoven y, afuera, el enorme ojo blanco cegado de Selene vigila los raros rituales de la pequeña comunidad de señores y sirvientes, incomunicada de un mundo que se supone más enfermo que ellos. No sabremos la gravedad del mal hasta que llega el largo epílogo, algo tramposo, que para muchos será sorprendente pero que otros -entre ellos, el que escribe- ya habrán intuido desde la primera parte del filme.

A los pocos, resulta inevitable pensar en Los otros de Amenábar o en El bosque de Shyamalan, pero, ante todo, es Poe -La caída de la casa Usher- el que se impone, con las morbosas relaciones familiares y el amor arrebatado entre adolescentes, alumbrado por las jóvenes maravillas Justin Korovkin y Ginevra Francesconi.

La maldición de Lake Manor es una película muy bien resuelta -especialmente para ser una ópera prima-, con una notable atmósfera y un buen casting, solventado, sobre todo, a base de primar en los actores eso que los franceses llaman el «physique du rôle». La cinta se apunta con claridad al terror gótico pero, en muchas ocasiones, el humor negro asoma con fuerza, especialmente cuando están en campo la pareja de guardianes de la enorme finca y, mayormente, cuando hace sus apariciones el extraño doctor que cuida la salud de los habitantes de la manor, un galeno interpretado por una especie de Buster Keaton que responde al nombre de Maurizio Lombardi -recordamos su cardenal de la serie The Young Pope-, siniestro matasanos partidario de mil torturas médicas que nos va a dar una pista, quizá innecesaria: «El mal también está dentro».

«IL NIDO»

Italia, 2019.

Director: Roberto De Feo.

Intérpretes: Justin Korovkin, Francesca Cavallin, Ginevra Francesconi, Maurizio Lombardi, Troy James.

Terror. 108 minutos.

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