Cine y literatura, un viaje de ida y vuelta

Darío Villanueva aborda la relación entre palabra e imagen en la obra de Valle-Inclán, Cela y el «Quijote»

Fernando Rey, como Don Quijote, y Alfredo Landa en el papel de Sancho Panza
Fernando Rey, como Don Quijote, y Alfredo Landa en el papel de Sancho Panza

redacción / la voz

La relación entre cine y literatura, entre imagen y palabra, es central en El Quijote antes del cinema: filmoliteratura (Visor), un volumen en el que Darío Villanueva (Vilalba, 1950) reúne y reelabora una decena de textos suyos sobre esas fructíferas retroalimentaciones entre ambas artes, además de examinar la cinefilia de autores como Valle-Inclán y Pardo Bazán.

El volumen se abre con un texto que bebe del discurso de ingreso de Villanueva en la RAE y que da título al volumen. El Quijote antes del cinema es un acercamiento a la gran novela de Cervantes desde la premisa de que resiste la comparación con las obras de Shakespeare a la hora de calibrar la presencia en sus páginas de elementos de lo que se ha llamado «precinema», es decir, estructuras y recursos narrativos puesto en juego por el cine pero que ya se hallan en obras literarias mucho anteriores a los hermanos Lumière. Villanueva examina cómo Cervantes saca partido a la vista y al oído, en un libro esencialmente dialógico, y que, como el cine, busca estimular la «admiración y alegría» del receptor.

Como corresponde al comparatista que es, Villanueva despliega una trama de referencias cruzadas que aportan profundidad a su discurso y argumentos, que va desde adaptaciones shakesperianas de Olivier y Branagh y los ensayos de Harold Bloom a la primera escena cinematográfica tomada del Quijote y datada en 1898.

De igual modo, el capítulo Valle-Inclán y el cine pone el foco en los elementos narrativos y dramatúrgicos de la obra del escritor gallego que han dejado huella en el cine, como la fragmentación o el esperpento y la escritura de guion cinematográfico que casi es Luces de bohemia. También se detiene en la cinefilia de Valle, la cual no le impedía ejercer la crítica: su aversión al «mal gusto yanqui» habría podido firmarla hoy día sin apenas modificar su postura.

Esa cinefilia del autor es propia de un momento en que la afición por las películas ha prendido en los ambientes culturales, como ilustra el Cine Club de la Residencia de Estudiantes. Ya en 1915 Emilia Pardo Bazán había escrito que el cinematógrafo «ha llegado a la perfección».

Camilo José Cela, con la adaptación, entre otras cuestiones, que Ricardo Franco hizo de La familia de Pascual Duarte y un análisis de las narrativas literaria y fílmica en La colmena, también hace su aparición en el libro, al igual que Thomas Mann, Visconti y Roman Polanski.

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