La declamadora cubana que cautivó a Neruda

En «Solo el amor construye», el escritor Manuel Sánchez Dalama rinde homenaje al legado de la poeta Carmina Benguría

X. F.
Redacción

La poesía, esa traducción del sentimiento al lenguaje torpe de la palabra, se ha vuelto más silenciosa desde el 15 de octubre de 2017. Y es que Carmina Benguría, la declamadora cubana que emocionó a escritores como Gabriela Mistral y Pablo Neruda en el siglo XX, falleció esa noche a los 97 años en Miami. Dos años después de su muerte, su amigo, el escritor Manuel Sánchez Dalama, ha recuperado el inmenso legado de Benguría para transformar años de conversaciones con ella en un libro. Se trata de Solo el amor construye, una biografía escrita en primera persona, «a modo de soliloquio con el lector», según Sánchez Dalama, que recoge las experiencias y la sabiduría de una de las últimas personas dedicadas a la declamación, y quizás la más exitosa.

«Conocí a Carmina y a su esposo, el reconocido escultor cubano Roberto Estopiñán, en el 2011, gracias a un amigo en común que insistió en presentarnos. Viajé de mi casa en Vigo a Miami, para escapar al invierno, y fui a ver a esta pareja. Resultaron ser personas entrañables», contó Sánchez Dalama. Por supuesto, como diría más adelante la misma Carmina Benguría, «nada de lo que ocurre en el Universo, por incomprensible que parezca, es fruto del azar», y esta amistad entre el escritor y el matrimonio se consolidó hasta ocupar un lugar muy importante en la vida de él.

«En el 2015 me entero de que Roberto había fallecido y que Carmina estaba en terapia intensiva. Ellos no tenían hijos ni familia, así que para acompañar a Carmina empecé a llamarla todas las tardes. Eran conversaciones largas, que disfrutábamos mucho. Ella me estaba contando su vida, en especial aquello vinculado a la poesía, que es su mundo. Comencé a grabar, con su permiso, las conversaciones, y de pronto encontré que tenía unas 80 horas grabadas. Empecé a desgrabar y darle forma», recordó Sánchez Dalama.

En este proceso, el escritor se dedicó a corroborar toda la información que Benguría le había proporcionado. «Me volví loco. Tuve que consultar muchas fuentes, desde las hemerotecas hasta el libro de Aleida March, la esposa del Che, en el que aparece Carmina. También la misma Carmina me envió documentación, textos de Neruda dedicados a ella, correspondencia», aseguró.

La declamadora, que con 18 años apenas cumplidos dio su primera presentación ante la sala llena del prestigioso Teatro Nacional de La Habana, se había interesado desde pequeña por la literatura. «Poco me atraían los juegos que hacían felices a los otros niños. Lo mío, además de bailar y recitar, era los libros. A los quince años leía a Estefan Zweig, Ghandi, Martí, Tagore, Unamuno, a Lao-Tsé, a la Bablasky», contó Benguría en el libro.

A ese primer recital, organizado por su madre, quien la acompañaría a lo largo de toda su carrera, le siguió otro en octubre del mismo año. En esa ocasión, Gabriela Mistral se encontraba de paso por La Habana y asistió al evento junto a periodistas y otras personalidades. A partir de ese momento, la carrera de Benguría despegó a nivel internacional. «En 1949, cuando vino a Madrid, fue la primera persona en recitar a Lorca después de la guerra civil, porque había estado prohibido», comentó Sánchez Dalma.

Pero, para la familia de Benguría, que se encontraba bien acomodada gracias al negocio del transporte y el azúcar, la revolución cubana fue un golpe duro. «A veces, una revolución es como un huracán, viene a barrer con el antiguo orden. A Carmina y a su esposo les expropiaron todo y ellos pasaron de tener sirvientes a migrar y ser sirvientes en Estados Unidos», dijo el escritor, y contó que al momento de su muerte, todas las posesiones de Benguría se encontraban en una caja de cartón junto a su cama. «Murió abandonada en la más absoluta miseria», lamentó.

Para Sánchez Dalama, el objetivo de este libro es mantener vivo el legado de la declamadora. «La esencia del libro no busca hablar mal de la revolución cubana, sino salvar la memoria de Carmina como persona y poeta. Aunque en Cuba no es reconocida, ya que fue olvidada al migrar, fue una mujer extraordinaria y quisiera que su memoria no se pierda», dijo el autor.

También, señaló, se trata de un homenaje a la declamación, un género de la poesía que tuvo su época de oro a mediados del siglo XX y que hoy, con los avances tecnológicos e históricos, ha adquirido otras formas. «Teníamos a Vallejo, a Mistral. Hoy ya no hay un Vallejo o un Neruda, pero la poesía vive, porque poner sentimientos en palabras es consustancial con el ser humano», aseguró.

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