«El huevo del dinosaurio»: La pastora de la tundra

Wang Quan'an regresa al territorio de sus ancestros para proponer una película diferente, un sensible retrato antropológico


Vaya por delante para despistados, que Wang Quan’an no es un mindundi exótico que cae por despiste en la cartelera. Carece de los halagos internacionales de popes del cine chino como Zhang Yimou y Chen Kaige, pero está entre los más brillantes de la siguiente generación, la sexta, la de los 90. Ganó el Oso de Oro en Berlín en el 2007 con La boda de Tuya, y ahora, con El huevo del dinosaurio [Öndög], la Espiga de Oro en la Seminci, con premio también para la espléndida foto de Aymerick Pilarski, de origen francés aunque formado en China.

De origen mongol, Quan’an regresa a la tundra de sus ancestros para proponernos una película diferente, que arranca como un thriller para derivar en un sensible retrato antropológico con dosis iniciáticas sin marginar un humor entre naíf y surrealista. Cuando se goza de un filme así, se lamentan las horas y horas que otros cineastas malgastan en darnos la vara con ejercicios onanistas carentes de ternura y de magia, de ese material del que están hechos los sueños: el cine.

Porque mucho cine hay en esta accidental relación entre una pastora -que representa lo esencial y más puro de la naturaleza, de la vida- y un policía en prácticas -que poco sabe de lo uno y de lo otro-, con una noche y los lobos amenazantes, mientras ambos resguardan el cadáver de una mujer asesinada. La gélida temperatura ambiente junto a la cálida temperatura emocional. Sin olvidar el inteligente momento de comedia cuando el joven protagonista espanta el miedo junto al cadáver, bailando bajo las estrellas al son del Love Me Tender de Elvis descargado en su móvil.

Otro apunte interesante es llevar al título el huevo del dinosaurio, porque fue en Mongolia en donde se descubrió el primer fósil de estas características. Un guiño metafórico, el origen de la vida, porque eso es también parte de la trama. Finalmente mencionemos un tópico irritante: el tedio frente al ritmo lento. El primero es aburrimiento, el segundo es gozo y recreación. De esto último va el mejor cine, ese que por norma general se ausenta de los multiplex y busca abrigo en otras salas. Disfrútenla.

 

«EL HUEVO DEL DINOSAURIO»

[«ÖNDÖG»]

Mongolia, China. 2019.

Director: Wang Quan’an.

Intérpretes: Dulamjav Enkhtaivan, Aorigeletu, Norovsambuu, Gangtemuer Arild.

Drama.

100 minutos.

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