Isabel Muñoz: «Creo en el poder del cambio a través de la belleza y también de la denuncia»

Premio Nacional en el 2016, Muñoz imparte este fin de semana en Santiago un taller a modo de exploración del proceso creativo y fotográfico

Isabel Muñoz impartirá este fin de semana un taller en Santiago
Isabel Muñoz impartirá este fin de semana un taller en Santiago

redacción / la voz

Los fotógrafos suelen hablar a través de sus obras, pero Isabel Muñoz (Barcelona, 1951) también verbaliza, con entusiasmo y profundidad, su idea de lo que significa mirar por el visor de una cámara. Hablar con ella de imágenes supone abordar planteamientos estéticos, pero también tocar conceptos como la libertad, la proyección en el tiempo o la alteridad. Ganadora del Premio Nacional de Fotografía en el 2016 y de dos World Press Photo, Muñoz impartirá este fin de semana en Unitaria, en Santiago, un taller sobre el proceso creativo para el aún quedan libres las últimas plazas. «Llegas a una edad en la que las cuatro cosas que conoces te apetece compartirlas», expone con una naturalidad completamente sincera.

-Ahora que casi todos llevamos una cámara en el bolsillo con el teléfono nunca se han generado tantas imágenes y, a la vez, tan fugaces. Y hay quien sostiene que todavía nos falta cultura visual para convivir con ello.

-No paramos de ver imágenes. Efectivamente, estoy de acuerdo, pero es como todo, tiene sus luces y sus sombras. Es cierto que a lo mejor no tenemos la preparación suficiente. Creo que tenemos que preparar sobre todo a los jóvenes, a los niños. Me gustaría transmitirles lo que es ese mundo para que lo puedan usar. Sí hay formas de aprender a usar esas herramientas, no solo a nivel imagen, sino también a la hora de contarnos cosas, porque en el fondo es eso. También tiene muchas partes positivas. Va a ser, de alguna manera, aunque lo veamos fugaz, la historia de lo que estamos viviendo. En un futuro, cuando ya no estemos aquí, les habremos contado una historia de cómo éramos. Y luego está el hecho de que hoy en día son muy pocos los sitios a los que la imagen no tiene acceso. Eso para mí es muy importante, la libertad de expresión. Yo creo en el poder de la palabra y la libertad de expresión. Hoy, por mucho que quieran cerrarte, que tú tengas acceso y puedas transmitir eso, para mí eso es lo importante.

-Antes éramos meros receptores pero ahora también difundimos nuestras imágenes, lo que implica saber mirar para hacerlo a través de la cámara.

-O de tu corazón, que tiene que estar ahí. Es una pregunta que hace pensar mucho. Creo que hay cosas que se pueden aprender. Se puede aprender a mirar, lo que es más complicado, creo, es aprender a ver. Tienes que tener la curiosidad, tienes que saber ser honesto contigo mismo, porque puedes mirar de muchas formas. Y hay una cosa muy importante y que no podemos olvidar, que es la libertad. La libertad no solo de mirar, sino de poder contar lo que has visto. Que a lo mejor no es lo que está, sino lo que tú ves. Hay cosas que se pueden aprender y otras que tienen que pasar por tu corazón.

-Si ponemos el corazón en las imágenes, ¿todo retrato es también un autorretrato?

-Es un paso a dos, de alguna manera. Nosotros estamos presentes. Toda obra de cualquier fotógrafo o persona que quiera contar algo con una cámara también se está retratando, porque retrata lo que le emociona. No es un acto en solitario. Necesitas del otro, no solo para que termine la foto, sino para que se entregue, de alguna manera. A veces nos hacemos trampas al solitario y lo que tú pretendes es retratar al otro, pero ya lo estás retratando con esa mirada tuya.

-La mirada también se cuestiona: a la hora de mirar el cuerpo humano se habla, por ejemplo, de cosificación o de mirada de género. Y nuestras miradas llevan incorporadas prejuicios de los que no somos conscientes...

-La verdad es que ahí hay muchas cosas. Vivimos rodeados de trampas y nosotros también las generamos. Vengo de una generación en la que hemos tenido que luchar por la libertad y la valoro. Por eso es tan importante y me da tanto miedo que nos impidan el seguir mirando como miramos. Una cosa es cómo tú miras y otra cosa es lo que ve el otro. Y luego otra cosa es lo que es la realidad. Depende de quién lo mire, un desnudo puede ser un desnudo o puede representar otra cosa. Eres tú el que terminas esa imagen. Intentas no caer en trampas, intentas ser lo más libre posible y transmitir lo que sientes. Pero ¿cuál es la verdad? Lo que yo procuro es retratar la verdad del otro y lo que es un retrato. Nunca dejas de cuestionarte porque no estamos en posesión de la verdad para nada. La honestidad contigo mismo y los demás es muy importante.

-Una de sus series aborda la contaminación marina y los plásticos. ¿Cómo está viviendo esta cumbre del clima?

-Cualquier acción, cualquier voz, es necesaria. Creo que estamos todavía a tiempo. Vuelvo al poder de la imagen. Creo en el poder del cambio a través de la belleza, a través de la denuncia. La vida me ha dado pruebas de que muchas pequeñas voces, hacen una gran voz. Y tenemos el poder para cambiar. Cada uno lo decimos a nuestra manera, a través de la belleza. El cambio tiene que venir desde arriba, pero también desde nuestros niveles. La sociedad se está levantando y somos los que vamos a hacer posible ese cambio, lo creo de verdad. Lo creo tanto que sigo en ello. Es un proyecto que empecé en ese momento, que he seguido en Japón, con los plásticos y microplásticos. En febrero me voy a Hokkaido. Me voy a meter debajo del agua para mirar y dar voz a los icebergs que pasaban por esa parte norte y que ahora están pasando resquebrajando. No voy a pararlo. No voy a decir lo que debe hacer el resto de las personas, pero cada uno que lo haga a su forma. Pienso seguir en ello, estamos a tiempo, de verdad.

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