Vampiros: de Drácula a Buffy

Una exposición y un ciclo de proyecciones de la Cinémathèque francesa abordan el mito en el cine, la televisión, las bellas artes y la literatura

Christoher Lee, en «Drácula vuelve de la tumba»
Christoher Lee, en «Drácula vuelve de la tumba»

El comisario de la exposición Vampires, de Dracula à Buffy, Matthieu Orléan, se expresa con rotundidad en la web de la Cinémathèque: «El cine, nacido en los albores del siglo XX, no tardó en interesarse con entusiasmo por esta historia de iniciación, que se desviaba de la sociedad victoriana. El expresionista Nosferatu de Murnau sienta las bases de una metafísica que da al cine su reflejo como un arte vampírico: el arte de la ilusión y el embalsamamiento, arte de cuerpos que no envejecen y cámaras que no se reflejan en los espejos».

La filmografía recogida en el catálogo, sin ser exhaustiva, anota más de 300 filmes en torno al tema vampírico, que van desde el cortometraje The Vampire (Robert G. Vignola, 1913), hasta la todavía inédita Morbius (Daniel Espinosa, 2020). Ambos son estadounidenses, país que reúne el mayor número de obras bajo el paraguas de Hollywood, aunque en más de un siglo aparecen varios españoles: el primero, la comedia Un vampiro para dos (1965), junto a varios del prolífico Jesús Franco desde su El conde Drácula en 1970, con Christopher Lee y Herbert Lom, junto a León Klimovsky, Vicente Aranda, José María Elorrieta, Jorge Grau, Paul Naschy y José Ramón Larraz, entre otros. Con todo, en el mercado latino lidera México con una veintena de películas, en buena parte de Federico Curiel.

 

Alice Eis, en «The Vampire», rodada en 1913
Alice Eis, en «The Vampire», rodada en 1913

Saturar la cartelera

Sería desde los años cincuenta, sobre todo desde el Drácula (1958) en color del británico Terence Fisher, cuando esta variante del género fantástico comenzaría a saturar la cartelera internacional, en países como Francia, Italia, España, e incluso Japón y Turquía. Casi un centenar de esos títulos serán proyectados hasta el 19 de enero próximo como parte del monográfico que la Cinémathèque Française ofrece como la retrospectiva transversal más amplia hasta la fecha sobre el mito vampírico, que incluye la serie Vampires (1915-1916) del francés Louis Feuillade, con Musidora como amante del gran vampiro, y el clásico de Dreyer, Vampyr, de 1932. No se conserva copia de The Vampire, de Alice Guy, la primera directora en ocuparse del tema en 1915. Un programa que completa el citado libro que afronta el tema vampírico desde la historia, la poesía, la política, el erotismo y la cultura pop, a cargo de numerosos especialistas, completada con entrevistas a los cineastas Francis Ford Coppola, Werner Herzog, Albert Serra, Olivier Assayas y Bertrand Mandico, que en algún momento afrontaron el personaje.

Coppola quiso ir a los orígenes de Vlad Draculea Tepes, el Empalador, con su Drácula (1990), rodada en los estudios Universal en su totalidad, aunque los decorados convencionales pasaron a un segundo plano, ya que los suplirían «el vestuario diseñado por la japonesa Eiko Ishioka -sus bocetos forman parte de la exposición- y los otros decorados se limitarían a amplios espacios mal definidos», buscando que se distinga al personaje encarnado por Gary Oldman «a través de la impresión que producen sus atuendos». Por su parte, Herzog admite que su Nosferatu, vampiro de la noche (1979), con Klaus Kinski, «es un homenaje al filme de Murnau, no un remake», sobre todo en la caracterización de Kinski tomando como referencia la de Max Schreck en 1922. Cuenta Herzog que no pudo rodarlo en Rumanía porque el dictador Ceausescu «había sido nombrado por el Parlamento sucesor legítimo de Vlad Tepes, defensor de Rumanía contra las invasiones turcas, y como tal conde Drácula a título honorífico». Nunca autorizaría el rodaje que finalmente realizó en Checoslovaquia. 

Desde los inicios

Confirmado que los vampiros están vinculados al cine desde sus orígenes, ya que la novela homónima de Bram Stoker apareció en 1897. Fue Murnau con Nosferatu (1922) quien hizo el primer gran acercamiento al personaje, al que se sumarían poco después Tod Browning, Dreyer, y desde finales de los sesenta cineastas como Polanski, Carpenter, Burton, Wes Craven, Jarmusch, Del Toro y los antes señalados Herzog y Coppola, fascinados con representar el atrayente universo de muerte y sexo del vampiro que necesita de la sangre ajena para encontrar su propia paz. Al mismo tiempo, introducían notas coyunturales de cada época como el blaxpotation y la liberación sexual en los años setenta y, más adelante, la eclosión del sida, por citar algunos ejemplos. Sucumbieron también a la fascinación actores míticos como Bela Lugosi (que se iría a la tumba vestido de Drácula), Christopher Lee, Lon Chaney Jr., Peter Cushing, y otros como Tom Cruise, Johnny Depp y los protagonistas de Crepúsculo, Robert Pattinson y Kristen Stewart.

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