Leopoldo Pomés, el fotógrafo al que le gustaba mirar, un mago de las imágenes

La Voz REDACCION

CULTURA

El artista falleció este martes en Gerona a los 87 años de edad

27 ago 2019 . Actualizado a las 21:32 h.

Con apenas once años retrató a sus padres y ya improvisó un cierto estilismo en aquella composición. Sin embargo, Leopoldo Pomés, el fotógrafo al que le gustaba mirar, la persona que revolucionó en España el lenguaje publicitario, ejerció otros oficios antes de dedicarse plenamente a la magia de las imágenes.

Fallecido este martes en Gerona a los 87 años, este artista polifacético, que en el 2018 recibió el Premio Nacional de Fotografía, presentó su primera exposición, no exenta de polémica, en las Galerías Layetanas de Barcelona en el año 1955, después de relacionarse con los miembros del grupo Dau al Set, integrado por Antoni Tàpies, Joan Brossa o Modest Cuixart.

Nació en Barcelona en 1931 y su primera cámara, tal y como informa Efe, la adquirió en 1946, aprendiendo el oficio de forma autodidacta. En el año 1961 creó, junto a Karin Leiz, que fue su esposa y artífice de las icónicas «burbujas» de sus anuncios de Freixenet, los Estudios Pomés y comenzó a dedicarse al cine y a la publicidad.

En 1965, se asoció con Leopoldo Rodés y creó Tiempo, desde donde se generaron imágenes tan inolvidables como la amazona de Terry en una playa o en plena plaza San Marcos de Venecia.

El pasado día 11 de junio, en la presentación de su libro de memorias, No era pecado (Tusquets/Edicions 62), comentó que para él lo más importante en la vida siempre fue «mirar» y no escondió que con el paso de los años le gustaba todavía más.

Hedonista y curioso irredento, perteneciente a la denominada Gauche Divine, que tan bien retrató, fue premiado en 1965 en el Festival de Cine Publicitario de Cannes y en Venecia seis años después.

En el año 1982 participó en una exposición junto a otros grandes de la fotografía como Catalá-Roca, Xavier Miserachs y Oriol Maspons, y también se encargó de las ceremonias de apertura del Mundial de Fútbol en Barcelona donde, consideraba, vivió el momento «más acojonante» de su vida, porque la paloma que se soltó allí, en los ensayos previos siempre se caía al suelo, pero el día de la inauguración «salió todo perfecto y a Pelé, que estaba en el palco, se le saltaron las lágrimas».

Unos años más tarde, en 1995, expuso su serie Toros, en ARCO y en el Centro Andaluz de la Fotografía y en 1997 se organizó una gran retrospectiva de su obra en el Palau de la Virreina de Barcelona, mientras que en 2015, Julià Guillamon comisarió otra muestra en La Pedrera, a través de un recorrido de 140 imágenes, muchas de ellas inéditas.