El reto de llevar a Valle-Inclán a la ópera


Si las obras de teatro de Valle Inclán han tenido siempre más lectores que espectadores debido, entre otros motivos, a las dificultades que suponen su puesta en escena, Romance de Lobos es la que quizá ha tenido peor suerte. Escrita en 1908 y siendo probablemente la más brillante de sus Comedias Bárbaras, su estreno mundial tuvo que esperar hasta 1970, cuando el director Agustín Alezzo la puso en escena en el Teatro San Martín de Buenos Aires.

Si llevar a la escena Romance como obra teatral siempre ha sido tarea compleja, aún lo iba a ser más hacerlo en versión operística. Pero esa dificultad suponía también un reto. Y fue tras asistir a la memorable versión dirigida por Ángel Facio en el madrileño Teatro Español en el 2005 cuando me planteé componer la ópera. Había grandes razones para ello. El texto original de Romance ya contiene aspectos muy operísticos, como el impresionante comienzo donde Montenegro, su protagonista, se encuentra con la Santa Compaña y con un coro de brujas similares a las de Macbeth. Todo ello dentro de una trama que nos recuerda al Rey Lear, pero ambientada en una Galicia rural de tintes fantásticos, tenebristas e incluso demoníacos. Además, la hueste de mendigos que acompaña a Montenegro aporta un vivo retrato de esa España negra que ya aventuraba Goya en cuadros como La romería de San Isidro o Aquelarre. Mendigos que nunca he podido evitar imaginármelos como los de Viridiana de Luis Buñuel.

La adaptación del texto de Romance que escribió para mí Arturo Reverter resolvió entre otros problemas, el del personaje femenino. Al igual que en el primer libreto de Boris Godunov de Músorgski, en el texto original de Romance no hay un personaje femenino con verdadero protagonismo. La solución fue que la soprano protagonista interpretase a una de las criadas y a una de las mendigas, a las cuales añadimos un tercer personaje, el espíritu de la difunta esposa de Montenegro que entona desde fuera del escenario un vocalise en dos escenas.

La partitura se finalizó a principios del 2017, estructurándose en un único acto dividido en cuatro escenas con una duración total de una hora. Posteriormente añadí entre las escenas tres intermedios orquestales (que son opcionales y que sumarían otros veinte minutos más) desarrollando escénicamente la acción de tres de las escenas del texto original de Valle. El número de personajes quedó reducido a diez, pudiendo ser interpretados todos ellos por cuatro cantantes, a lo que hay que sumar una orquesta de plantilla clásica como la de la Real Filharmonía de Galicia. Fue precisamente esta formación quien ha realizado el estreno de la Suite sinfónica de Romance, cuyos veinte minutos de duración es lo único que se ha podido escuchar de la ópera. Y es que, a pesar de las buenas críticas que el estreno de dicha Suite recibió tras su estreno en medios como El País, a día de hoy no hay ningún compromiso en firme de ninguna entidad para que esta ópera pueda ser estrenada ni en versión escénica ni en versión de concierto.

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