Los testigos de los profetas del pórtico

Una carta de Chamoso Lamas se suma a otra de Filgueira Valverde para probar que las esculturas de los Franco eran propiedad del Ayuntamiento de Santiago en 1954

Las esculturas de Elías (izquierda) y Enoc, fotografiadas por Manuel Gómez-Moreno en 1931 en el Museo Diocesano de Santiago y hoy en el de Pontevedra
Las esculturas de Elías (izquierda) y Enoc, fotografiadas por Manuel Gómez-Moreno en 1931 en el Museo Diocesano de Santiago y hoy en el de Pontevedra

redacción / la voz

Las esculturas del maestro Mateo en poder de la familia Franco eran propiedad del Ayuntamiento de Santiago en marzo de 1954, según se desprende de una carta de Manuel Chamoso Lamas fechada el día 5 de ese mes. Según el investigador Francisco Prado-Vilar, que ha encontrado la misiva en el archivo documental del Museo de Pontevedra, las palabras de Chamoso -en aquel momento máximo responsable de Patrimonio para el noroeste- son un testimonio elocuente de que ambas piezas eran de propiedad municipal.

Chamoso le escribe al subdirector del Museo del Prado, Francisco Javier Sánchez Cantón, parar informarle de que de las cuatro estatuas del maestro Mateo en posesión de la condesa de Ximonde, solo hay dos a la venta, ya que las dos restantes fueron compradas por el Concello: «Siendo alcalde Sarmiento Garra, primo del de Gimonde [el conde, Santiago Puga y Sarmiento], aquel adquirió para el Ayuntamiento dos de las esculturas, quedando solamente dos para adquirir». Por tanto, las efigies en piedra de Isaac y Abraham (que para Prado-Vilar son, en realidad, Jeremías y Ezequiel) habían sido compradas por el consistorio en junio de 1948 por 60.000 pesetas, procedentes del pazo de Ximonde en Vedra, por lo que quedaban «fuera del mercado», como afirma el investigador.

Encabezamiento de la carta de Chamoso Lamas a Sánchez Cantón en marzo de 1954
Encabezamiento de la carta de Chamoso Lamas a Sánchez Cantón en marzo de 1954

Las otras dos, correspondientes a Enoc y Elías, ya se encontraban en Santiago desde 1909, expuestas en el claustro del colegio de San Clemente como parte de la sección arqueológica de la Exposición Regional Gallega. En 1928 se trasladaron al edificio claustral de la catedral para formar parte del futuro Museo Diocesano, y fotografiadas por el historiador de arte Manuel Gómez-Moreno en 1931. En los años 50 las reclamó la condesa de Ximonde, quien le escribe el 4 de marzo de 1954 a Chamoso para participarle de que están a la venta «siempre que la oferta esté de acuerdo con lo que ella cree pueden valer». Preocupado por la posibilidad de «que se nos vayan de Galicia las dos piezas», Chamoso le escribe a Sánchez Cantón para que esté al tanto y anticiparle que piensa hablar con Filgueira Valverde, ya que le había comentado «que podían ser una adquisición probable del Museo de Pontevedra si Santiago no lograba quedárselas».

En efecto, ambas piezas se incorporarían al museo pontevedrés. Filgueira Valverde, su director entonces, también le habría de escribir al propio Sánchez Cantón en enero de 1955. Su carta atestigua la propiedad del Ayuntamiento de las otras dos esculturas y desliza su inminente donación a Franco: «Te supongo enterado del destino que piensa dar el Ayuntamiento de Santiago a las dos figuras del Pórtico que había adquirido. Creo que estamos justificados al comprar todo lo compostelano que salga y que nos pete. Nunca podrán quejarse ya». Filgueira se refería a una de las cláusulas impuestas por el conde en la venta al Concello, por la cual las piezas no deberían salir de Santiago.

Fragmento de la carta de Chamoso en el que explica que la condesa de Ximonde vende dos esculturas y las otras dos piezas ya son propiedad del Concello de Santiago
Fragmento de la carta de Chamoso en el que explica que la condesa de Ximonde vende dos esculturas y las otras dos piezas ya son propiedad del Concello de Santiago

Prado-Vilar sitúa entre ambas cartas, la de Chamoso de marzo de 1954 y la de Filgueira de enero de 1955, la celebración en julio del año santo y su clausura el 31 de diciembre de 1954, con recepciones al dictador y su esposa, visitas en las que habrían mostrado sus interés por los profetas, que acabarían en el pazo de Meirás. El Ayuntamiento ha reclamado su devolución, demanda que ha sido desestimada en el juzgado y recurrida por el Concello, pendiente aún de resolución.

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