«Beautiful Boy»: El ángel de la metanfetamina

En este filme sobre un padre y su hijo adicto lo mejor son las interpretaciones

Las interpretaciones de los actores son lo mejor de «Beautiful Boy»
Las interpretaciones de los actores son lo mejor de «Beautiful Boy»

Las crónicas de adictos recorren la espina dorsal del cine norteamericano moderno -El hombre del brazo de oro, Bird, Drugstore Cowboy, Pánico en Needle Park…- pues, no en vano, el consumo de drogas es la principal causa de muerte para los americanos de menos de cincuenta años. Y ya no hablemos de las series, que últimamente son un baúl sin fondo: Breaking Bad, Vinyl, Patrick Melrose

Dentro de ese mini género, Beautiful Boy, basado en los diarios de sus protagonistas reales, pertenece a la corriente de filmes de chavales enganchados -La luna, Yo Cristina F, Diario de un rebelde- a los que sus progenitores intentan ayudar, con la teenage angst dominando toda la película. Y, ante el inevitable «¿por qué?» del padre, pronto escuchamos hablar de angustia, ansiedad, miedo, depresión, aislamiento, decepción. Los mejores momentos de Beautiful Boy los encontraremos por ahí, con los recuerdos del papá que evoca a su niño dorado entre flashbacks.

Claro que la película siega pronto eses caminos, para discurrir por otros más tópicos, con la inclusión, para más inri, de agotadores montajes musicales, interludios tediosos e innecesarios por mucho que suene Nirvana -¡claro!-, David Bowie, John Coltrane, Lennon o Neil Young, estilema este del que acostumbra abusar el director de Alabama Monroe.

Como viene siendo habitual en el cine norteamericano reciente, lo mejor de la película está en las interpretaciones. El histrión Steve Carell -odiado y amado por la serie The Office- intenta aprovechar este papel dramático para demostrar que no solo sabe hacer reír, y, ciertamente, su amargura cala hondo y llega a molestar al espectador. El joven actor de moda, Timothée Chalamet (propuesto al Óscar hace dos años por Call Me By Your Name), encuentra aquí un vehículo perfecto para juguetear con ese cruce de fragilidad y energía que guarda su delgadísima anatomía angelical, casi andrógina, exhibida ya en Hostiles o en Lady Bird. Y algunas de las jovencitas que lo siguen en su gozoso calvario con la metanfetamina nos recuerdan que, en Hollywood, cualquier actor semidesconocido puede desgranar algún momento de gran verdad, como esa secuencia maestra en la que papá recoge a Amy Forsyth, tierna adolescente drogadicta, para que le hable de lo que su hijo no consigue verbalizar.

«BEAUTIFUL BOY»

EE. UU., 2018.

Director: Felix Van Groeningen.

Intérpretes: Steve Carell, Timothée Chalamet, Maura Tierney, Kathlyn Dever, Amy Ryan, LisaGay Hamilton, Timothy Hutton, Amy Forsyth, Stefanie Scott, Jack Dylan Grazer.

Drama.

120 minutos.

«No soy un intérprete de los que planean cada paso que da»

María Estévez

Chalamet da vida a un joven que desciende al infierno de la adicción en «Beautiful Boy»

Si hay un actor lanzado al estrellato es Timothée Chalamet. Su brillante actuación en Beautiful Boy: Siempre serás mi hijo, en su guerra contra la adicción al crack, lo revela como una de las sensaciones de su generación. La cinta está basada en la historia de David y Nic Sheff, que escribieron sus memorias en el libro homónimo. Nominado como mejor actor por su trabajo en la película Call Me By Your Name, Chalamet protagonizó también el filme Lady Bird junto a Saoirse Ronan. Más allá del cine, ha aparecido en varias obras de teatro, consiguiendo el premio Drama League Award por su papel en la obra de Patrick Stanley El hijo prodigo. También ha sido uno de los actores habituales de Homeland y tuvo un papel breve en el filme de Nolan Interstellar.

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