Arde Barcelona en «La sombra de la ley», de Dani de la Torre

El segundo largometraje del director monfortino, que recrea la convulsa y violenta Cataluña de los años 20, llega al 51º Festival de Cine Fantástico de Sitges

El actor lucense Luis Tosar encarna en «La sombra de la ley» a un peculiar policía
El actor lucense Luis Tosar encarna en «La sombra de la ley» a un peculiar policía

SITGES / E. La Voz

No puede comprenderse bien el terreno en el que juega una película como La sombra de la ley sin antes ubicarla dentro de los raíles que atenazan la producción del cine en España. Esto es un proyecto Atresmedia, aunque en él participe también Vaca Films, bajo cuya égida con tanto virtuosismo se movía Dani de la Torre en su tan apreciable El desconocido. Para recrear una Barcelona años 20 hemos de hablar ya de un presupuesto de alta esfera. Estos roaring twenties son los de las disputas entre los grupos anarquistas que practicaban la acción directa y el pistolerismo de otras bandas, la acción represiva del Estado, los rescoldos de la huelga de 1917 y de la Semana Trágica. Pero no es -ni lo pretende- un filme sobre el anarquismo, tema tan ibérico y veta para tratamientos cinematográficos apasionantes que, sin embargo, tiene su obra de referencia en la autoría de un realizador francés, Jean-Louis Comolli, y su magnífica Buenaventura Durruti, y la más popular -y ciertamente maniquea- Tierra y libertad, de Ken Loach.

Escenario histórico

Las bazas de La sombra de la ley son el diseño de un escenario histórico inflamado, esa Barcelona en donde las balaceras no te hacen estar más seguro en las aceras que en las entrañas de un lujoso cabaré, para desarrollar sobre él elementos del melodrama -también de la ficción televisiva española de grandes públicos y series de largo alcance en la sobremesa- y personajes estereotipo como el del policía encarnado por Luis Tosar -que es y no es idealista, parece no tomar partido hasta que lo hace según las leyes del bigger tan life- e innovaciones de guion sociológicamente interesantes en su pie forzado como la introducción de roles femeninos de apariencia empoderada para responder al curso del tiempo.

En La sombra de la ley arde Barcelona. Y alguna secuencia hay que invita a pensar que De la Torre desearía moverse en el Chicago de Al Capone y Elliot Ness, con sus Intocables. Pero ahí se topa con las leyes de hierro del producto Atresmedia. Tengo la certeza de que el cine de talento de De la Torre respiraba mucho más libre en el thriller tan bien medido de El desconocido. Y que un proyecto como La sombra de la ley le hace ya partir de un callejón sin salida como el de la propia historia que, como todas las historias de España, ya sabemos -sin que esto sea un spoiler- termina mal, con la sombra ominosa del general Martínez Anido aplastando cabarés, sueños, ideales, emancipaciones e historias de amor en tiempos revueltos con una Michelle Jenner republicana.

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