«¡Vaya bichos!»: Idónea para la primera vez?

No estamos hablando de Pixar y sus grandes presupuestos pero evidencia la buena forma de la animación europea


Para meter a los críos por primera vez en una sala oscura con una pantalla grande y un sonido envolvente. El primer recuerdo. Para eso vale ¡Vaya bichos!, animación francesa que ni aspira a obra maestra ni a conseguir el incienso de los críticos, pero que tapona un hueco para el que no siempre hay solución en la cartelera, pese a abundar las de dibujos. Esto de comentar películas tiene el agradecido peaje de que son muchas las consultas recibidas sobre tal o cual título, su idoneidad, sus calidades, en fin, como jugando a influencer, esa bobada tan de moda ahora. Esta se antoja perfecta por su tono de fábula, por la simplicidad de sus personajes -que no simples, entiéndase- y algún elemental apunte moralizante procurando huir de los estereotipos hasta donde es posible. Todo transcurre en una aldea de bichitos, que gobierna la abeja reina Margarita y a la que llega el farandulero grillo Apollon -recuerda a Pepito… Grillo- justo cuando la intrigante avispa Huguette conspira para hacerse con el poder.

Ocurren una serie de cosas que culminarán felizmente. Como es natural, tratándose sus destinatarios prioritarios del target menor de diez años, la trama no puede evitar el maniqueísmo aunque sin excederse, compensado con la aparición de una Tribu de los Nocivos, unos simpáticos mosquitos repelentes que van de moscas a abejorros y otros varios. No se trata tanto de valorar su calidad formal porque no hablamos de Pixar y sus grandes presupuestos, sino de destacar que evidencia la buena forma de la animación europea, la gala en particular. Su ritmo es piano, y la acción se reserva para los minutos finales, pero al mismo tiempo sus aportes musicales son apreciables, considerando que su autor es Bruno Colais, un grande de la composición francesa. El recurso de introducir la canción La vida en rosa de Edith Piaf, cantada por el grillo y algunos guiños icónicos al cine de siempre -el bonito plano de Apollón y Margarita, en contraluz a la luna, va por ahí- junto a unas pizcas en favor de la ecología, redondean una faena que sin ser perfecta, es adecuada y hasta conveniente.

«DRÔLES DE PETITES BÊTES»

Francia, Luxemburgo, 2017.

Directores: Arnaud Bouron, Antoon Krings.

Animación.

77 min.

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