«El viaje de Nisha», entre lo terrorífico y la denuncia

CULTURA

La peripecia de Nisha hunde sus raíces en la historia de la propia directora, también responsable del guion

25 ago 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

La peripecia de Nisha es terrorífica y hunde sus raíces en la historia de la propia directora, también responsable del guion, hija de pakistaníes emigrados a Noruega, país en donde nació. Iran Haq (1976) pasó por situaciones muy parecidas a las de esa adolescente de 16 años, que en el instituto se integra muy a gusto con sus compañeros nativos y en casa entra en la misma Pakistán con sus tradiciones y sus costumbres, bastante alejadas del XXI. Su padre, creyendo mancillado su honor al sorprenderla con un chico local, tomará una decisión drástica: la enviará con sus parientes para que recupere sus esencias de origen, en un país que le es totalmente ajeno y que nunca antes había visitado, para ser algo así como «la prima noruega». Es aquí en donde la autora se deja llevar ligeramente por la truculencia, porque Nisha vivirá un infierno que a ojos del espectador coquetea con el maniqueísmo más simple. En absoluto invalida el resultado, pero de optar por una mayor sutileza, habría redondeado la jugada.

Denuncia sin buscar demonizar a las comunidades inmigrantes por permanecer fieles a sus tradiciones -aquí paquistaníes, pero aplíquese a muchas otras- cuando dejas tu país obligado por las circunstancias, sean sociales, económicas o políticas, lo que Haq pretende es un retrato de situación. Fuera de su piso, ella es una más con sus amigos, sin distinción ni prejuicio alguno y su padre hace lo propio en su negocio siempre rodeado de sus propios paisanos, tan apegados a sus orígenes, tan intolerantes a ojos occidentales. Padre e hija mantienen un fuerte nexo emocional, presente en toda la película y que finalmente no desaparecerá -la escena de cierre es muy potente-, aunque él es consciente de que ya la entiende menos. Además, la figura de la madre se radicalizará. Como las de su generación y sus antepasados, asume su papel de ama de casa, supeditada al marido. Será ella la más preocupada por el «qué dirá la gente», título original del filme. Finalmente, la moraleja toca también a la libertad individual, esa que el círculo familiar se niega a otorgar a Nisha.