Nobuhiro Suwa: «Las imágenes son la huella de lo real pero, al mismo tiempo, son ilusiones»

El director japonés Nobuhiro Suwa trabaja con el icónico Jean-Pierre Léaud en un filme de cine dentro del cine


redacción / la voz

Los 400 golpes, Alphaville, Besos robados, La noche americana... La lista puede leerse como un resumen del mejor cine francés de la segunda mitad del siglo pasado. También es una pequeña muestra de la trayectoria de Jean-Pierre Léaud (París, 1944), el icónico actor que ha trabajado en filmes claves de Truffaut y Godard. Tras colaborar hace dos años con Albert Serra -La muerte de Luis XIV- Léaud estrena este viernes El león duerme esta noche, a las órdenes del director japonés afincado en Francia Nobuhiro Suwa (Hiroshima, 1960), quien además estará el viernes (19.25 y 22.00 horas) y el sábado (11.30) en la sala Numax de Santiago para presentar el filme, una historia de cine dentro del cine.

En una cinta precisamente con ecos de Los 400 golpes y La noche americana, Léaud interpreta a un actor que aprovecha una pausa imprevista en un rodaje para visitar una gran casa donde vivió un amor de juventud. Allí se encuentra con unos muy terrenales niños que ruedan su propia película, pero también los fantasmas del pasado. No es casual que las frases que abren y cierran la película sean «¿Esto es real?» y «Creí que era un sueño».

«Las imágenes son la huella de lo real, pero, al mismo tiempo, son ilusiones que no son reales», reflexiona Suwa. «Creo que la fuerza del cine reside en el punto que separa estos dos polos extremos, y es lo que más me interesa. Curiosamente, estos dos polos extremos no están separados, están pegados como las dos caras de una moneda. Por ejemplo, la presencia imaginaria de un fantasma no se puede distinguir de la presencia real de los seres vivos en una película, todos los seres vivos podrían ser fantasmas en el cine. En el mundo del cine, las figuras reflejadas en el espejo y las figuras reales son iguales, no se distinguen», añade el director.

La profundidad de los espejos

De hecho, los reflejos y los trampantojos del cine también protagonizan otra frase clave de Léaud en el filme: «Pensamos que los espejos tienen profundidad pero solo nos devuelven una imagen invertida». Suwa aclara que el hallazgo corresponde al actor: mientras las escenas del protagonista y el reencuentro con su antiguo amor -encarnado por Pauline Etienne- estaban escritas en el guion, las secuencias con los niños fueron todas improvisadas, una libertad bien aprovechada por Léaud. «Pasaron por su mente algunas obras literarias y las palabras de Jorge Luis Borges, Jean Cocteau y Jean-Paul Sartre. Se dejó llevar por esos pensamientos e improvisó la frase. Es verdad que en mis películas el espejo aparece mucho y tiene cierta importancia. En la vida real la figura que se ve en el espejo no es real. Sin embargo, en una película, la figura irreal y la figura real son imágenes y, por lo tanto, son iguales e indistinguibles. Ese punto me parece muy interesante y es por eso que aparecen los fantasmas», relata Suwa.

Otros espectros persiguen a Léaud: por ejemplo, el Antoine Doinel que interpretó a lo largo de los años para Truffaut. Suwa era consciente del peso de esta trayectoria y para El león duerme esta noche inicialmente pensó en escribir un personaje que diese continuación a Doinel o el Alfonso de La noche americana. Al final desistió, quizá debido al contacto con los niños del filme: «Nos transportaban al futuro».

En todo caso, trabajar con Léaud fue una experiencia extraordinaria. «A pesar de su larga e impresionante carrera, nunca lo he visto relajado y tranquilo antes del rodaje. Estaba nervioso, y sin embargo, a la hora de la verdad, se concentró de una forma fuera de lo normal. Nunca está seguro de si va a hacer bien su trabajo. Parece como una apuesta, como si se arrojase al mar para empezar a nadar... Actúa como si participase en una danza ensayada, necesitada de una coreografía, indicaciones de cómo dar unos pasos, pararse, cerrar los ojos durante unos segundos, los movimientos, las poses», describe Suwa, quien al final consiguió revelar una cara inédita del actor: «Hubo momentos en que me pareció que era un nuevo Jean-Pierre, al que nunca había visto, y eso me hizo sentir muy feliz».

«No estamos atados a la cultura del propio país»

Japón y Francia se entremezclan en la filmografía de Suwa, desde sus referencias a Hiroshima mon amour, de Resnais, en H Story, a Un couple parfait, Yuki & Nina y, ahora, El león duerme esta noche. El director huye de reduccionismos y adscripciones para reivindicar la libertad de elegir sus propias influencias. «Creo que en el mundo moderno los seres humanos no estamos atados a la cultura del propio país», sostiene. Como cineasta, le interesan especialmente «los directores cuyos orígenes culturales son complejos». Él mismo se formó viendo filmes del Hollywood clásico y de la Nouvelle Vague, que define como «un curso de iniciación para hacer películas». En aquellos años universitarios, Suwa confiesa que estaba «bastante desesperado con el cine japonés de la época», ya que no descubriría a Mizoguchi y Ozu hasta más tarde. «Creo que hay muchos directores occidentales que han sido influidos por Ozu, pero Ozu también estaba muy influido por las películas americanas de su época. Además, me di cuenta también de que muchas películas americanas estaban hechas por directores no americanos. La tendencia Nouvelle Vague tenía que ver con Roberto Rossellini y Alfred Hitchcock, y entonces me di cuenta que las nacionalidades de las películas son muy complejas, y a veces no se puede restringir a una sola», argumenta el director. Suwa reconoce que el haberse educado en Japón le puede haber otorgado una sensibilidad oriental «inconsciente», pero que se revela, por ejemplo, en cómo se percibe la naturaleza de forma distinta en Occidente. «Si soy sincero, no sé cómo es el estilo japonés en el cine, así que no soy consciente de qué partes de mis películas son muy japonesas. Creo que muchos autores tienen su propio estilo más allá de los de sus países de origen», concluye.

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