«Releer a Rilke»

Adam Zagajewski. Traducción de Javier Fernández de Castro. Editorial Acantilado. 69 páginas. 10 euros


Redacción / La Voz

Acantilado le ha dado una vuelta a la figura y la obra de Rilke, que en su complejidad al lector se le presenta a menudo sin muchos asideros. Primero fue el monumental trabajo biográfico de Mauricio Wiesenthal El vidente y lo oculto y ahora, este ensayito -solo por su breve extensión- de Adam Zagajewski (Lvov, hoy Ucrania, 1945). El poeta actualmente exiliado en EE.UU. -donde es profesor en la Universidad de Chicago- presenta al autor de Sonetos a Orfeo como un heredero intelectual y espiritual del gigante Goethe, pero mientras señala a este como «ineludible representante de su tiempo», a Rilke lo describe como «un elegante signo de interrogación en el margen de la historia». Si es verdad que el texto de Zagajewski no evitará que el eco de las preguntas persista, también lo es que su reflexión personal ilumina graciosa, empática y lúcidamente la lectura y la relectura de Rilke, cuya existencia, dice, «es en sí misma el mejor ejemplo de vida de un artista moderno y quizá el modelo más puro y perfecto en su infatigable búsqueda de la belleza». El poderoso ángel de Rilke, anota, preserva algo que la era moderna nos ha arrebatado: «Los momentos de éxtasis, por ejemplo, instantes de asombro, horas de mística ignorancia, días de solaz, la encantadora quietud de leer y meditar». Hermosa aproximación, muy hermosa.

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