Gamberrada mal aliñada

CULTURA

«Fiesta de empresa» intenta situarse en terreno de nadie, pero no puede evitar el rechazo del espectador exigente y el mosqueo de la crítica inconformista

23 dic 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Vale que no todas las películas se hacen para seducir al público exigente ni a la crítica sesuda, como vale que Hollywood y la industria del cine hagan productos para exprimir la taquilla a cambio de que el espectador se masajee los músculos del estómago y los de la cara con un puñado de chuscadas filmadas, en su mayoría aderezadas con sal gruesa y unas pizcas escatológicas vinculadas a fluidos e incluso deyecciones. Fiesta de empresa intenta situarse en terreno de nadie, pero no puede evitar el rechazo del espectador exigente y el mosqueo de la crítica inconformista (aunque satisfaga a la crítica ladina, que la hay…), al tiempo que sucumbe al brochazo… divertido. Que Jennifer Aniston se niegue a comprarse una brújula que la oriente a papeles más frescos, que el agente de Jason Bateman no le aconseje otros guiones y que el género de comedia no entienda la necesidad de buscar alternativas a su caída en barrena (salvo honrosas excepciones que hasta podrían incluir al rugoso Judd Apatow), son males con los que habrá que convivir.

Regresando a la argumentación inicial, y aun admitiendo que la película facilite a muchos algo menos de dos horas de evasión, realmente es un despropósito. Arranca potable si bajamos el nivel de exigencia para derivar en la segunda mitad hacia un desenlace que intenta introducir unas migajas de dramatismo poniendo el foco sobre la relación entre los hermanos al frente de una compañía tecnológica. Él es un gestor irresponsable pero de buen corazón que intenta mantener a todos sus empleados y ella, todo lo contrario, un pedernal que solo atiende al balance de resultados, papel que Aniston se despacha con absoluta desgana. En medio se mete una pareja de ejecutivos y varios secundarios, generando en mezcolanza digna de mejor causa. Aunque tampoco nos hagamos los ofendidos, que los directores Josh Gordon y Will Speck ya advirtieron de sus limitaciones en cosillas como Patinazo a la gloria (2007) y Un pequeño cambio (2010), que ya tenía a Aniston y Bateman tirando del cartel. Pues eso, otra gamberrada pintada de truño.