Pablo d'Ors: «Sin el silencio no hay Dios»

Consejero del papa, d'Ors ha vendido más de cien mil copias de un ensayo sobre la meditación


Redacción / La Voz

Experto en meditación, Pablo d'Ors (Madrid, 1963) es un sacerdote que escribe novelas y ha vendido más de 100.000 ejemplares de su libro Biografía del silencio (Siruela). Otra editorial de prestigio, Galaxia Gutenberg, está publicando sus obras completas. Tan peculiar debe ser d'Ors que el papa Francisco lo ha elegido entre sus consejeros. Estos días estuvo en el monasterio de Sobrado dos Monxes de retiro espiritual, hoy hablará sobre meditación en la sede coruñesa de la fundación Barrié y mañana estará en la librería San Pablo de Santiago.

-¿Cómo es que se vende un libro que habla sobre el silencio?

-El silencio hace mucho ruido [ríe]. La causa fundamental es que existe en nuestros contemporáneos una sed de silencio y de interioridad muy grandes. Hay personas que quizá no han hallado en la religión una respuesta al anhelo interior que tienen, y la meditación es una respuesta. Quizás este interés está revelando que la religión tiene que volver a sus fuentes espirituales para ser significativa.

-¿El silencio es ausencia de ruido?

-El silencio es fundamentalmente ausencia de ego. La meditación trabaja no solo el silencio exterior (ausencia de ruido) sino el interior, que es la ausencia de ego. El ego nos impide ver la realidad en su verdadera potencialidad, mientras el silencio es aquello en lo que la realidad puede ser percibida en su justa dimensión.

-No es una forma de encerrarse en sí mismo sino de comprender.

-El silencio puede ser vivido como aislamiento, algo empobrecedor. Pero el silencio es la otra cara de la palabra, como la soledad es la otra cara de la comunión. Sabemos estar solos en la medida en que sabemos estar acompañados. Palabra y silencio no son realidades contrapuestas, una está en orden a la otra. Es como la tierra y la semilla, para que la semilla y la palabra puedan germinar, la tierra de un corazón humano tiene que estar bien preparada. Y eso es justamente lo que hace la meditación, lo que hace el silencio.

-¿El ruido es un mal de hoy?

-Igual que la prisa o la velocidad, ha existido siempre, pero hoy es un rasgo definitorio de la sociedad. Seguro que vivimos en el tiempo más ruidoso de la historia. Antes no existían todas esas máquinas. El ruido es el auténtico terrorismo de nuestro tiempo, porque impide que el hombre viaje hacia dentro; lo saca hacia afuera.

-¿El ruido es estrés?

-El estrés es incapacidad para dar respuesta a la acumulación de actividad. Nos sentimos vacíos porque no hacemos ese viaje al interior y necesitamos llenarnos con cosas de fuera, y ahí están las actividades que se agolpan una sobre otra generando estrés.

-¿Hay una búsqueda desaforada de cosas que tapen ese silencio?

-Huimos de nosotros mismos, porque nos asusta la soledad y el silencio, y huimos por la vías del pensamiento y la acción. Lo que ayuda y sana a una persona no es tanto el pensamiento, que tiene su lugar, pero no un lugar absoluto, como la meditación. Y no solo la acción sino la pasión, y cuando hablo de pasión no hablo solo de hacer sino de dejarse hacer, no solo actuar y dar sino también recibir. La vida no es otra cosa que saber dar y recibir. Y la meditación enseña esto porque sigue conscientemente el ritmo natural, biológico de la respiración, inspiración y espiración, dar y recibir.

-Conlleva un dominio físico...

-Es tarea de cuerpo, mente y espíritu. Y es que el ser humano es cuerpo. Cuando meditamos lo que hacemos es sentarnos. Esa quietud supone un ejercicio corporal, de autodominio, y el autodominio es libertad. El esclavo va donde dictan sus instintos o la sociedad.

-¿La meditación implica diálogo?

-Los meditadores somos pájaros solitarios, pero de vez en cuando es bueno que volemos en bandada. Meditar es un acto profundamente contracultural, porque hoy todo nos incita a la prisa, por eso los meditadores necesitamos apoyarnos unos en otros.

-Esos ritmos de la meditación se acercan al paseo.

-En el paseo tiene entrada lo exterior, tú miras los árboles, el horizonte, el cielo, mientras que la meditación es un viaje al interior. De hecho, la palabra mística significa cerrar los ojos. ¿Para qué?, para hacer el viaje interior y para que cuando los abramos descubramos un mundo nuevo.

-¿Qué opina de las filosofías de comunión con la naturaleza?

-La naturaleza es la primera maestra. Y la meditación es ajustar el espíritu a la naturaleza. Por eso los monjes [ayer aún estaba en Sobrado] siguen en su vida de oración y trabajo el ritmo natural de cada jornada. La naturaleza es una fuente de plenitud y sabiduría, pero no hago un mito de la naturaleza, que debe ser vivida junto a la cultura.

-Sacerdote y novelista, ¿despierta suspicacias en el sacerdocio?

-[Ríe]. Quizá haya aún más prejuicio entre los novelistas hacia el mundo de la Iglesia. Que lo hay en los dos sentidos. Pero me ha tocado estar en ese filo de la navaja, entre el mundo del arte y la religión, que en el fondo son afines: creer y crear se dan la mano.

-Quizá sea más fácil entender que un sacerdote escriba ensayos.

-La especulación no está más cerca de la verdad que la imaginación. Para mí, la única razón de ser de escribir una novela es ser fiel a mí mismo: me salen más historias que libros de ideas. Pero es que las tradiciones religiosas, cristianismo, islam, hinduismo, se han expresado más narrativamente que especulativamente.

-Sostenía en un artículo que la fe ya no tiene que ser ciega.

-La fe nunca ha tenido que ser ciega. Decía Chesterton que cuando entraba en una iglesia se quitaba el sombrero pero no la cabeza. Eso de elogiar la fe del carbonero es una cosa que ha hecho mucho mal porque la fe lo que tiene que ser es humana. Y si el ser humano es un ser pensante, la fe no puede obviar el pensamiento. Tampoco se debe magnificar y asegurar que todo se puede demostrar con la razón, porque eso tampoco es así. La fe debe ser sensata.

-En la era de Internet, ¿dónde se busca a Dios?, ¿en Google?

-[Ríe]. Hemos buscado a Dios siempre del mismo modo, en lo profundo de cada corazón. Así ha sido hace mil años y sigue siendo ahora. Por mucho Internet que haya no es posible el descubrimiento de Dios sin el silencio. Sin el silencio no hay Dios. Juan de la Cruz lo diría de manera aun más rotunda: «Dios es el silencio en el que resuenan todas las cosas».

-¿Qué hace un consejero del papa?

-Informar sobre cómo la gente y la sociedad respiran, piensan.

-¿Qué último consejo le dio?

-[Ríe]. Estuvimos hablando sobre el rol de la mujer en la Iglesia.

-¿Y cuál debe ser ese rol?

-Debe ir hacia una igualdad total entre el hombre y la mujer. El papa es muy consciente; otra cosa es acordar los pasos que hay que dar, y darlos. No es fácil, supone remover cosas que están ancladas en el pasado, romper muchas cosmovisiones. Hay que hacerlo urgentemente, pero hacerlo bien.

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