Bay y sus «Ninja Turtles» tienen una concepción del espectáculo cinematográfico destinado a las multipantallas en donde prima la acción y el ritmo, quedando la trama en puro trámite
23 jun 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Más allá de que la industria del cine necesite blockbusters (sobre todo de superhéroes) para mantener el negocio y las salas abiertas, y jueguen el papel de pitanza regular para saciarles su hambre de taquilla, los hay que por lo menos intentan que el guion cubra sus vergüenzas y los maquille de dignidad. Algo que parece entendieron Marvel y asociados pese a sus recientes (y alarmantes) síntomas de agotamiento. De antiguo, le va la marcha a Michael Bay (aquí en su faceta de todopoderoso productor), con una concepción del espectáculo cinematográfico destinado a las multipantallas (desde el iPad al LCD casero) en donde prima la acción y el ritmo, quedando la trama en puro trámite. O lo que es lo mismo: deme usted una simpleza y le devuelvo una película que se meterá en el bote al público adolescente y le sisará un jugoso plus en palomitas, chocolatinas y refrescos. Otra cosa no pretende Bay con su padrinazgo del revival de Tortugas Ninja en pantalla grande, iniciada en el 2014 con aceptable resultado económico y el mosqueo de la crítica.
Vuelve a la carga fiel a sus principios de transformerstitis, dolencia derivada de su franquicia-estrella Transformers (prepara la quinta dosis para el 2017), toda una declaración de su ideario cinematográfico que aquí aplica a rajatabla en la secuela con los cuatro mutantes, Leonardo, Michelangelo, Donatello y Raphael, residentes en las alcantarillas de Nueva York y erigidos en vigilantes «clandestinos» de la ciudad. Pasando de guion, que cabría en una tarjeta de visita: el malvado Shredder huye de su prisión de alta seguridad y se alía con una fuerza extraterrestre para cargarse a la ciudad, pero no cuenta con nuestros amigos Ninja y algún socio ocasional. Aire en botella. Ya no vale la coartada de tratarse de un cómic con su propio peaje formal y narrativo para llevarse al cine. Va acelerada de ritmo y luce calidad en sus efectos digitales, pero eso ya no sorprende a nadie. Harán caja y anuncian nueva secuela. Bien para el negocio, pésimo para el cine, pero que no cuenten con mi butaca en la próxima.