No pocas infancias se han construido junto a los dibujos animados de Heidi y Marco, las series producidas en los años setenta por la Nippon -el más importante estudio de animación de Japón, junto a Toei-, en donde se curtió el gran artista del anime Hayao Miyazaki, hoy septuagenario y casi retirado del oficio. En la década de los ochenta, el maestro se independizó de la tiranía en cadena de Nippon y creó el muy artesanal taller de Ghibli, de donde salió esa maravillosa e inolvidable marcianada que es Mi vecino Totoro. Y ahí, a la sombra del Mizoguchi del dibujo animado, trabajando en producciones como La princesa Mononoke, El viaje de Chihiro, Ponyo o El viento se levanta, se educó Hiromasa Yonebayashi, director de la prometedora Arrietty, que ahora, con su segunda película, le hace un sentido homenaje al maestro en El recuerdo de Marnie, filme nominado a los últimos Óscar, en una carrera que ganó Del revés.
El recuerdo de Marnie es otro jalón en la animación poética de los estudios Ghibli, que parecen destinados a desaparecer en estos tiempos tan difíciles. Quizá por eso, en el crepúsculo, parece lógico que la película sea una historia de fantasmas -en Japón, la tradición de los cuentos de espectros está presente en todo-, ectoplasmas buenos que enseñan a vivir a los vivos, como le sucede a la niña protagonista, huérfana y solitaria, enferma de asma, que viaja desde Sapporo hasta el campo, para recuperarse. Allí, entre pantanos y noches lunares, se encuentra con otra niña tan rara como ella y que tiene mucho que ver con su pasado familiar.
La belleza de los fondos remite a las películas de Miyazaki, con un detallado y lírico estudio de los objetos -¡esa cocina multicolor de los parientes del campo!- y un elegíaco canto a la naturaleza más próxima, como contrapunto de los dramas humanos, por ejemplo en las gotas de la lluvia que buscan su camino entre una tomatera.
Resulta terrible pensar que esta pueda ser la última película de los estudios Ghibli. El producto estandarizado amenaza imponerse en una industria tan poderosa -¡casi cien estudios!- como la del dibujo animado japonés.
Ficha técnica
«OMOIDE NO MARNIE». Japón, 2014. Director: Hiromasa Yonebayashi. Animación. 102 minutos.