El lema peliculero de Star Wars bien vale para aplicarlo al panorama político tal y como se presenta el porvenir de luchas entre el lado oscuro de la fuerza y la valentía de los caballeros jedi, aunque lo que parece claro es quién sería la princesa Leia, la viceLeia, en la nueva cosmogonía parlamentaria que nos atrapa. Como lo ha hecho durante todas estas fiestas la saga creada por George Lucas, el Steve Jobs de nuestra infancia, en la televisión. El estreno de la última película en el cine ha dado la posibilidad de revisar todos los episodios, desde el primero hasta el sexto, en un esfuerzo de Mediaset que ha recibido el gran aplauso de los espectadores. Mayores y niños. Porque si de algo ha servido la reposición continuada en Cuatro ha sido comprobar cómo el tiempo ha sobrevivido, más allá de la forma, en el fondo de unas historias construidas magníficamente. Capaces de apoderarse de la emoción de un niño de 7 años en 1977 como en el 2016. Da igual si la voz de Darth Vader es la de Constantino Romero o la del actor Tacho González, en la versión gallega, da lo mismo que para algunos la palabra jedi se leyese «yedi» y que ahora todos la pronuncien como en el original inglés «yedai», da lo mismo que antes hablásemos del «reverso tenebroso» de las primeras traducciones y ahora del poderosísimo «lado oscuro». Nadie puede dudar a estas alturas que la fuerza de Star Wars es inmortal.