La verdad os hará libres

miguel anxo fernández

CULTURA

El documental «Frankenstein 04155» se limita a contar la intrahistoria de una catástrofe, al tiempo que plantea serias dudas sobre aspectos técnicos y cuestiona decisiones que solamente se tomaron en despachos

14 dic 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

El recurso a la cita evangélica tiene un punto de retórica por parte de este crítico, pues no figura en el documental aunque brujulee por su contenido, del primero al último minuto. Frankenstein 04155 se centra en la tragedia del tren Alvia 04155, que aquel fatídico 24 de julio del 2013 descarriló en Angrois, entrando en Compostela. Mucho se lleva hablado desde entonces, sobre todo por la constancia de la plataforma de víctimas (81 fallecidos y más de 140 heridos en diverso grado), muchas son las heridas que todavía supuran y que afectan, por elevación, a directivos y a políticos, entonces en ejercicio de sus responsabilidades, que además consideraron oportuno no mostrar sus puntos de vista a la cámara. Pero estas circunstancias no proceden en el análisis crítico de un documental que ya está en los preliminares del Goya en varias categorías, que se trajo una mención especial de la reciente Seminci y que fue premio del público en Cineuropa. Para esa otra parte ya están los tribunales y sus periferias.

En la diversidad y el mestizaje que actualmente vive el formato documental, el servido por Aitor Rei está sin duda en la categoría de denuncia. Léase: interesa más lo que cuenta que cómo lo cuenta, sin menoscabo, naturalmente, de esto último. Con el recurso a testimonios de víctimas y profesionales, imágenes de noticiarios y de spots publicitarios, además de infografías, la pieza se limita a contar la intrahistoria de una catástrofe, al tiempo que plantea serias dudas sobre aspectos técnicos y cuestiona decisiones que solamente se tomaron en despachos. Con muchos nombres propios. Renunciar a mostrar tanto imágenes de la tragedia como rebajar, en lo emocional, el dolor de las víctimas, incrementa su valor. Lo aleja del panfleto y de la demagogia, aunque no pueda evitar algún exabrupto francamente incómodo. Afortunadamente se apela a la inteligencia del espectador, muy avezado ya en cuestiones semánticas e icónicas, por lo que en ocasiones es más eficaz sugerir que mostrar. Con todo eso hilvana Aitor un discurso que, naturalmente, espera respuesta.