Vida y obra de un arquitecto

Javier Armesto Andrés
javier armesto REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

La exposición «Manuel Gallego. Arquitectura 1969-2015», que ayer inauguró en A Coruña la Fundación Barrié, refleja los valores esenciales de la profesión

19 nov 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Probablemente, si le preguntamos a la gente que nos diga una obra de Manuel Gallego Jorreto, la mayoría no sabría citar ninguna. Sus proyectos pasan desapercibidos, se difuminan en el paisaje, como ese complejo presidencial de la Xunta que respeta la colina sobre la que se asienta, en vez de echarla abajo como otros hicieron con el monte Gaiás. «Una obra debe resolver problemas, no crearlos», dijo ayer en A Coruña.

Gallego no ha construido hitos, sino edificios «para resolver una necesidad y para que los use el hombre». Esa es la esencia de su arquitectura, que es tan imprescindible como la exposición que le dedica la Fundación Barrié. Este hombre sencillo, que el año que viene cumplirá 80 años, es el gran arquitecto gallego y de Galicia. Algunas de sus obras perdurarán, otras no -o serán transformadas sin acierto, como la Casa de Cultura de Valdoviño-, pero fueron creadas para servir a las personas.

En las viviendas de Vite (Santiago), por ejemplo, una calle interior genera espacios intermedios entre lo público y lo privado. En A Illa de Arousa, el centro sociocultural articula pequeñas plazas en los huecos que se forman al relacionarse con los edificios ya existentes. La lonja de Lira, una especie de veles e vent industrial, tiene un paso elevado para contemplar tanto la actividad que se desarrolla en el interior como el maravilloso paisaje de fuera. «Parece una gaviota», le dijo un paisano, y a él le pareció el mejor halago.