El regreso de Blur es un disco a la altura, un ecléctico recorrido pop
21 may 2015 . Actualizado a las 05:00 h.Con la vuelta de Blur una cosa quedaba clara: un mundo con Damon Albarn y sus muchachos era mejor que sin ellos. No pocos gallegos los vieron en su formidable concierto en el Primavera Sound del 2013 en Oporto. Aunque entonces el grupo ya había desgranado algún tema nuevo, lo cierto es que la nostalgia de un tiempo mejor se imponía. Faltaba superar la prueba de fuego de los retornos: un disco a la altura.
The Magic Whip lo es. Y no lo es. Sí, porque desde el principio la calidad flota con enredadora y placentera suavidad. No, porque desde luego no estamos ante la catarata de hits por la que muchos suspiraban. No busquen un Parklife, un Song 2 o un Girls and Boys. Lo más parecido a un hit que pulula es Ong, Ong, melodiosa pieza situada casi al final como quien ofrece una chocolatina tras un café agridulce.
Antes hay un ecléctico recorrido pop que se podía enlazar con el último Albarn y en el que destaca especialmente la chispa del guitarrista Graham Coxon. Temas con aromas a Blur de toda la vida como Lonesome Street hacen de enganche a un camino de aromas de soul, toques afro, pinceladas electrónicas y pequeños arreglos orquestales. Todo muy de melómano de cuarentaytantos en el salón de casa. Poco de veinteañero desbocado en el pub. La juventud se esfumó. La nuestra y la suya. Pero, sorpresa, sienta bien.