El violonchelo de Pablo Ferrández, hijo de un músico ferrolano y que actúa hoy en A Coruña, y el violín de Tedi Papravami, que lo hace en Santiago, suman 605 años
07 nov 2014 . Actualizado a las 11:11 h.Terminaba ayer el ensayo de la Orquesta Sinfónica de Galicia. Los músicos iban abandonando el palacio de la Ópera cuando en la puerta uno de ellos frenó en seco a su acompañante: «¡Espera un momento! A ver cómo es ese violonchelo». El instrumento que le llamaba la atención y que en ese momento Pablo Ferrández guardaba con mimo, era un Lord Aylestford construido en el año 1696 por el mítico lutier Antonio Stradivari. «Tengo en las manos 318 años», decía, sonriente, este violonchelistas de 23 años, hijo del ferrolano Enrique Ferrández, también violonchelista de la Orquesta Nacional de España.
Pablo Ferrández actuará esta noche con la Orquesta Sinfónica de Galicia interpretando el Don Quijote, de Richard Strauss, en el primer concierto que ofrece en Galicia. No será el único solista, ya que le acompañará Francisco Regozo, viola, y serán dirigidos por Dennis Russell Davies.
Asegura Ferrández, que para muchos ya es una figura internacional de la música, que el mítico lutier construyó unos 60 violonchelos como este, «de los que hay 40 en todo el mundo y se usan en los conciertos 20». El resto están guardados en museos y colecciones, si bien este músico defiende que donde mejor está es precisamente en manos de los músicos.
La cuestión es ¿quién pone en manos de un joven de 23 años un instrumento como este? Pues Pablo, que según su padre a los dos años ya empezó a interesarse por el violonchelo, cuenta que fue a una audición con Loren Maazel, fallecido este año, que era el presidente de la Nippon Music Foundation, entidad propietaria de varios Stradivarius. Maazel «me escuchó y me dijo que pensaba que necesitaba un instrumento mejor». Idéntico comentario le hizo Marta Casals, la viuda del violinista, y «entre los dos me ayudaron a conseguirlo». Desde el pasado mes de enero el violonchelo está en su poder y la cesión es por varios años, no tiene una fecha de conclusión. A la hora de valorar este instrumento todos los calificativos de Ferrández se pueden resumir en uno: «increíble. Te da todas las posibilidades, son instrumentos que están en unas condiciones increíbles, es una ayuda increíble».
Destaca asimismo que los sonidos «son especialmente graves, profundos, y su color es dorado; si a los sonidos se les pudiera ponerle un color de los Stradivarius se podría decir que tienen ese color dorado».
La trayectoria de este músico, que actualmente reside en la ciudad alemana de Fráncfort, es espectacular: Con 13 años era admitido en la exigente Escuela Superior Reina Sofía de Madrid donde durante cuatro años consecutivos fue premiado como el estudiante más destacado. Después de publicar su primer disco con conciertos de Dvorák y Schumann, grabado con la Orquesta Filarmónica de Stuttgart, las críticas elogiosas se dispararon: «Siempre se agradecen esas palabras. Todo me ha sonreído, he tenido mucha suerte con conciertos cada vez más importantes y en más países», reconoce.
El ambiente familiar, donde su madre también es música, «fue una gran ayuda, porque conocen muy bien la profesión, entienden todo, ha sido de muchísima ayuda», evoca este musico que estudió el bachillerato a distancia para dedicarle más tiempo a su formación musical.
La lista de sus próximas actuaciones recorre medio mundo: Ámsterdam, Berlín, Tokio, Florencia, Madrid y Buenos Aires. Entre sus proyectos están, además de un segundo disco con la Kremerata Báltica, volver a actuar en Galicia; será en marzo de 2015 con la Real Filharmonía.
Con esta última formación también sonará esta noche, en el Auditorio de Galicia, otro Stradivarius, el del violinista albanés Tedi Papravami. En este caso se trata de un violín Reyner, elaborado por Antoni Stradivari en el año 1727 y que le ha sido cedido al músico por la Societé Louis Vutton. Papravami, que fue un niño prodigio y con ocho años ya ofrecía conciertos de violín, es el traductor al francés de la obra del Príncipe de Asturias de las letras, Ismaíl Kadaré. Su violín y el violonchelo de Ferrández suman 605 años y protagonizarán hoy la noche de los Stradivarius en Galicia.