A estas alturas pocos dudan que Kid A (2000) es uno de los grandes discos del rock contemporáneo y el punto máximo de inflexión en la trayectoria de Radiohead. En ese trabajo la banda británica hacía una inmersión casi total en la electrónica oblicua, ofreciendo un nuevo modo para que Thom Yorke mostrase sus emociones. Una especie de épica congelada e introspectiva cambió totalmente al cantante que, desde entonces, parece girar y girar en esa espiral.
Quizá por ello, ha sentido la necesidad de embarcarse en un carrera paralela en solitario, iniciada en el año 2006 con el álbum The Eraser y continuada ahora con Tomorrow's Modern Boxes. Insiste en el planteamiento: pop obsesivo, de renglones torcidos y pálpito asimétrico que mece al oyente hasta introducirlo en un universo muy particular. No, no pretende aquí Yorke dar un salto mortal en el planeta rock, como Ok Computer (1997) o el citado Kid A, sino ofrecer un desvío para los amantes de estrábica visión de la música. Un lugar maravilloso en el que perderse.