«Serramoura», esta serie está de muerte

Este domingo (22.00, TVG) se estrena «Serramoura» un thriller rural en el que nadie es lo que parece. Te lo cuenta YES, la revista gallega de Gente, Creatividad y Tendencias

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La Voz

Que estamos todos loquísimos esperando a que se estrene la cuarta temporada de Homeland y estamos errando el tiro muchísimo. Porque la revelación de la temporada no viene de la todopoderosa HBO, la serie refinitiva en realidad la empiezan a emitir mañana a las 22 horas en la TVG. Dirán ¿cómo qué? Pues sí. Porque a ver. Yo les cuento. Si digo thriller rural, ¿qué? Bien, ¿no? Ahí están las superseries todas mirando hacia el profundo sur estadounidense o a los pequeños pueblos británicos. Si les digo pueblo maderero ¿qué? Bien. También bien. Innovador, un sector que da muchísimo de sí y que al que más y al que menos en este país nos es familiar. ¿Y si les digo asesinato en el minuto uno? Ya nos estamos viniendo arriba, ¿verdad? ¿Y si digo historias cruzadas, miseria enterrada, aquí nada es lo que parece, todo el mundo tiene dos caras? ¿Qué? ¿QUÉ? ¿Van a ver Homeland y pasar de este portento de la producción audiovisual que es Serramoura? Sí, amigos, tenemos cienes de capítulos de series ahí en la cola, esperando para ser visionados, pero tendrán que seguir esperando, porque el molar total de este otoño va a ser Serramoura, una serie que comienza por el asesinato de una joven, Mónica Trians, para después pasar a contarnos la intrahistoria de un pueblo, Serramoura, que es cualquier pueblo, con sus dinámicas propias de una comunidad pequeña, con secretos, con malos rollos enterrados, con ese ambiente cargado. Un ambiente que literalmente «revienta» el día que asesinan a Mónica. Así que todos se preguntan: Y ahora, ¿qué? Porque uno de ellos es un asesino. «Es Ágatha Christie doscientos años después», resume uno de sus guionistas, Alberto Guntín, que junto a Xosé Morais y Víctor Sierra han creado el universo de Serramoura, un universo que se va desplegando capítulo a capítulo en el que «todo el mundo tiene algo que ocultar», explica el director de esta nueva apuesta de Voz Audiovisual, Miguel Conde. Él, tras un tiempo afincado en Madrid ha vuelto a Galicia con la ilusión de tener entre manos un proyecto aquí, con gente de aquí, y poder trabajar con amigos con los que todavía no había compartido equipo. «Vamos descubriendo trapos sucios», matiza.

Por eso el pequeño pueblo de Serramoura era esencial en la trama. Ese punto rural es guay, porque si a Mónica la hubiesen asesinado en una ciudad «no tendría la misma esencia», afirma Conde. Y Guntín aclara que escogieron el rural «porque el efecto del asesinato es más evidente y más fácil de contar». Porque Serramoura no es la historia de un asesinato y su posterior investigación. Serramoura es la historia de Serramoura, del «trasunto de cualquier pueblo», de cómo reacciona una comunidad y sus individuos a un hecho que les vuelve la vida del revés. Y por eso llega en el momento justo, en el que bombazos como True Detective o Broadchurch ponen sobre la mesa que se llevan los thrillers. Y se llevan los thrillers fuera de los escenarios habituales. Y ahora, compañeros de la serie, se lleva Serramoura. Así se lo digo.

Que explica Miguel que él se siente más cercano, por lo menos en lo visual, a las series británicas e incluso nórdicas, que ya abrieron camino hace unos años con el despiporre de la novela negra. Y de aquellos crímenes, estas series. Y visualmente el mundo de la madera tiene potencia. Muchísima potencia. Tanto en paisajes como en sonidos, explica Miguel, porque nada hay tan inconfundible como el sonido de la tala de los árboles. Y por eso el pueblo, ese pueblo cualquiera que es Serramoura, es un personaje más en la historia. Que dirán ustedes, que de series saben un montonazo, que si hablamos de crimen y de madera hablamos de Twin Peaks. Pero bien contesta Alberto que «no nos dio miedo porque en ella la madera no era protagonista», y aquí sí. Muchísimo, de hecho. Y fue cobrando más importancia a medida que hacían su trabajo de investigación, porque acabó por «superar con mucho las expectativas de ambiente y de tramas. No lo dudamos».

Trío de ases

Entonces, la cosa es así. Matan a Mónica Trians (Sara Casasnovas) y se pone en marcha la Guardia Civil. Aparece entonces la pareja protagonista: Marga (Lucía Regueiro) que es la sargento que está en Serramoura, y Diego (Miguel Ángel Blanco) que es un agente de fuera asignado al caso. Que los guionistas sabían que querían a una pareja que no tuviese relación para que esta fuese creciendo. Y explota todo. Ahí están los clanes enfrentados, los Fiuza y los Soutelo. Y aparece el cacique, y la heredera de la ?vieja aristocracia pangalaica? y el resto de personajes, que van girando alrededor del caso Trians, y los más listos igual tienen algo de ojo y mucho de suerte y a lo mejor se dan cuenta en el primer capítulo de quién la mató. O no. Que así la intriga dura muchísimo más. Está todo llenito de caras nuevas, frescura que llega de las nuevas generaciones para contar una historia que son muchas al tiempo de manera novedosa. Ahí están Sheyla Fariña (que interpreta a Álex, la sobrina de Marga), Miguel Canalejo, que lo borda como el guardia civil más joven, y Chechu Salgado, que pone cara a Román, el hijo de Evaristo Fiuza (interpretado por Antonio Mourelos).

Pero ojo. Ya se lo he repetido un trillón de veces, pero por una más no pasa nada: aquí, en el fondo, lo de menos es quién es el asesino -que los guionistas lo sabían desde el principio- y lo de más ver cómo es la evolución de una serie que, al fin y al cabo, tiene más de coral que de procedimental. No esperen aquí encontrarse un Castle o un Bones. Aquí de lo que hablamos es de personas, no de crímenes. Porque ya avisa Alberto Guntín, ?Mónica Trians es el primer caso, pero antes de que acabe ya se desarrolla el segundo?. Y claro. Con unos mimbres como estos, lo más lógico es que pase lo que está pasando en el rodaje: que la gente se lea los guiones para saber qué es lo que va a pasar después. Quién fuese ayudante de cámara para, al grabar una escena del capítulo ocho, descubrir que nada es como habíamos pensado en el capítulo cinco. Y tener el guion a mano para saber más. ¿Qué? ¿Aún quedan ganas de Homeland? Serramoura. Dónde va a parar.

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