Una aproximación a Japón desde el relato policial, en la que Seicho Matsumoto perspicacia psicológica, crítica social y pulso
17 sep 2014 . Actualizado a las 07:00 h.Si la novela negra es un buen instrumento incisivo para diseccionar un tiempo y una sociedad, El expreso de Tokio es una buena entrada a Japón desde el relato policial. Apodado el Simenón japonés, Seicho Matsumoto (1909-1992) fue uno de los impulsores del género negro en su país y autor de novelas de éxito, de la que El expreso de Tokio es una de las más conocidas, que además se benefició de su publicación en uno de los formatos más vinculados a la literatura popular: apareció por entregas en una revista entre 1957 y 1958. Perspicacia psicológica, crítica social y el pulso que no falta en un policial son los ingredientes que combinó Matsumoto. La novela arranca de forma canónica con el hallazgo de los cadáveres de una pareja en la isla de Kyushu. Las apariencias apuntan hacia el suicidio de unos amantes desdichados, pero un viejo policía toma nota de un detalle que a todos pasa inadvertido, lo que le permite relacionar el caso con un reciente escándalo de corrupción gubernamental. La investigación crece en alcance, tanto en el escalafón como en su extensión geográfica, llevando al lector de una punta a otra de Japón. La verosimilitud es tal que los horarios de los trenes en la novela son los reales de 1947.