Fiel a su afán incontenible y a sus ansias compulsivas, Calamaro inició el pasado fin de semana una gira «bohemia» que, tras pasar en siete días por Donosti, Zaragoza, Barcelona y Madrid, recala el miércoles en Santiago. Calamaro propone un concierto rockero de metal licuado, versátil y ecléctico. Esa palabra, dice el músico, que «tan poco gusta a los fundamentalistas»
23 may 2014 . Actualizado a las 13:35 h.Entender la vida como una permanente provocación a la que hay que responder con algo más que dignidad tiene sus consecuencias. Aunque ha habido sonadas derrotas, de esa constante disputa Calamaro ha salido victorioso la mayor parte de las veces. Su último disco y la actual gira son buena muestra. Su serena disposición a la reflexión, la mejor prueba.
-Usted ha demostrado que su capacidad creadora es brutal. ¿Por qué ha limitado este disco a poco más de 30 minutos?
-Quería un álbum que recordara a los discos de toda la vida. Con un numero par de canciones y que respondiera al tiempo que duran los discos en su formato tradicional. Créeme que tenía cientos de canciones y grabaciones instrumentales y experimentales para elegir. Incluso antes y después de la grabación de Bohemio realicé dos mil visiones musicales. Están todas disponibles en mi streaming gratuito.
-Da la sensación de que ya no le preocupa en absoluto la procura del hit.
-No, la aparición de un éxito no me preocupa. Los músicos celebramos si hay sintonía con el gusto popular, pero nunca fue ese mi objetivo. Me considero un músico evolutivo y experimental. Escribir canciones que enchufen en el agrado de la gente también es un episodio experimental o posmoderno. Pero nunca he buscado los hits para la radio. Hago la música con sinceridad y sin especular con posibles éxitos.
-En las letras de su último disco hay referencias explícitas a su estado «limpio». ¿Cómo se siente uno «mirando tranquilamente las luces de la mañana»?
-¡Oh! Plástico Fino mira tranquilamente las luces de la mañana después de una noche sin dormir, algo que no debería llamar la atención a ningún español. Bohemio no es un disco de rehabilitación. Personalmente, duermo toda la mañana. Ese es mi estado más limpio.
-¿Cómo es en esta gira un concierto de Calamaro?
-Estos directos los entiendo como conciertos de rock eléctrico, en los que el grupo es el protagonista. Desplegamos guitarras solistas, pianos de categoría y una base rítmica extraordinaria. Movemos el aire entre todos. Armamos un repertorio distinto para cada ciudad y nos ofrecemos a la improvisación y a la interpretación natural.
-¿Y esa idea de una «boy band de viejos» que le ronda por la cabeza?
-Es una broma. Veo las bandas adolescentes que despiertan la locura de miles de niñas y juego con la idea, interesante o absurda, de una banda de veteranos reunidos en un escenario. Tampoco es una fantasía dislocada, ni sería la primera vez en la historia de la música. Ya lo hicieron próceres del rock y del country.
-¿Es cierto que compra vinilos pero que luego no los escucha?
-Eso también es una broma, pero en clave hipster. Es reírse de las tendencias. Escucho música en todos los formatos. Crecí como aficionado comprando discos de segunda mano y soñando con los importados llegados de Europa o Estados Unidos. Todos los formatos para escuchar música me parecen adecuados. Lo importante es la información musical que viaja en el sonido.
-En su blog habla mucho de la crítica musical. ¿Le teme, le merece respeto o le resulta indiferente?
-Nunca he sido un mimado por la crítica, pero respeto el destino del canto. Además entiendo los mecanismos para formar una personalidad crítica. Yo aprecio la existencia de especialistas en música, de críticos que quieran entender los contenidos musicales más allá del atractivo de las tendencias o de la mecánica de hacerse el raro. Echo de menos más espacio para el análisis musical en la prensa, la radio y la televisión, medios en donde todo se decodifica según parámetros de actualidad rabiosa. Con una mínima parte del espacio que le da la prensa a la información deportiva, el rock tendría la importancia que realmente tiene en la cultura y en el corazón de las gentes.
-Hay un sector de músicos en España que parecen están reclamando cierta conciencia social ante la situación en la que vivimos. ¿Nunca le ha tentado ese rol?
-¡Caray! Tengo muchos textos políticos en mis discos, que responden a situaciones sociopolíticas argentinas y universales. Casi no recuerdo un disco sin textos de orientación social y política. Explícitos y figurativos, como corresponde. Quizás España esté más sensible ahora, pero en el continente americano vivimos en permanente situación de crisis, violencia, miseria, hambre y confrontación. Me considero un hedonista ético pero nunca me faltó la conciencia social. Vengo de un continente que todavía sangra por sus venas abiertas.
-¿Qué le queda entonces por demostrarse?
-No lo sé. No es una obsesión personal eso de demostrarme cosas. Nunca fui un músico ambicioso. No esperaba tanto. Le ofrecí mi vida al rock y me dio otra a cambio. No esperaba una carrera musical de tantos años, ni estar de gira en América Latina y España. Estoy conforme con lo que tengo. Me gustaría grabar un disco que pudiera escucharse en Estados Unidos y Gran Bretaña, pero pertenecemos a nuestro idioma, una cárcel de 500 millones de personas que hablan castellano.
-¿Cuáles son ahora sus miedos?
-No tengo miedos. Tengo una gira por delante y cantar siempre inspirado es una responsabilidad importante. Mi miedo es una versión microscópica del miedo del torero frente al toro.