Cuando mi casa es un monumento

m. cedrón / j. m. sande REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

MARCOS CREO

Vecinos de inmuebles protegidos relatan sus ventajas e inconvenientes

26 ene 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Miércoles por la mañana. Pepita abre la puerta de su casa. «Es una de las más antiguas de Muros», dice. Y no hay duda. Pepita es amable, mucho. Pasa a la cocina y muestra un arco que parece una pequeña bóveda de cañón. «Es parte de la muralla que rodeaba Muros. Muchos alumnos de Arquitectura de A Coruña vienen a fotografiarla», explica orgullosa. Hace cuatro o cinco años -no recuerda bien la fecha- quiso arreglar su vivienda. «Vinieron los técnicos de Patrimonio e hicieron un proyecto. Hubo que arreglar todo en base a lo que indicaban, respetando todo. Y obtuve una ayuda que no recuerdo bien, pero era de un 60 o un 70 % del coste de la obra», cuenta. Su casa está en la calle Porta da Vila, en el casco declarado conjunto histórico-artístico el 29 de mayo de 1970. El arco que le atraviesa la cocina, tal y como sugiere, parece ser parte de la muralla de la villa, declarada monumento mucho antes, en 1949.

Por eso, para cualquier actuación que quiera realizar en su vivienda ha de informar al ayuntamiento y a Patrimonio para ajustar la reforma a las directrices marcadas en el plan especial de protección de la villa. A cambio, como esa casa es su vivienda habitual, podría optar a ayudas del Instituto Galego de Vivenda e Solo y, por estar protegida, pedir una rebaja del IRPF cuando haga más obras o una bonificación en el IBI. Porque como explican fuentes de la Consellería de Cultura, no pagan los que viven en un inmueble declarado bien de interés cultural (BIC). «He pagado mucho en la última factura de IBI y tengo que preguntar porqué a una vecina le han hecho rebaja», dice.

Casos como el suyo son diferentes al de los propietarios de las pallozas de Piornedo, un conjunto etnográfico que es BIC, pero en las que ya no vive nadie. Es lo que explican fuentes del Instituto Galego de Vivenda e Solo al matizar que sus prestaciones para reformas están dirigidas a primeras viviendas ubicadas en áreas de rehabilitación.

Hasta el 2010 esta entidad colaboraba en el mantenimiento de estos conjuntos etnográficos. Ahora los propietarios quieren que vuelvan a ayudarles desde la Administración autonómica porque, como alegan, no tienen capacidad para mantenerlas ajustándose a las directrices que manda la normativa. La delegada de la Xunta en Lugo, Raquel Arias, sugirió que fuesen la Diputación y el Concello de Cervantes los que colaborasen. Pero ahora, después de que el alcalde cervantino advirtiese de que sus arcas no tienen fondos, la delegada ha optado por remitir una carta al organismo provincial para tratar el tema.

Pero aunque las casas estén habitadas, rehabilitar una vivienda ubicada en una zona declarada conjunto histórico-artístico como por ejemplo los cascos viejos de Muros, Noia, Corcubión, Betanzos; conjunto artístico y pintoresco como Combarro, y más cuando es monumento histórico como las coruñesa casa Paredes o Santiago, no es tarea fácil. Lleva tiempo y los trámites burocráticos pueden dilatarse años.

Todo hecho en madera

Fue lo que le ocurrió a otra habitante del casco viejo de Muros. Su piso está justo en el paseo. «Esta casa estaba en ruinas, pero tenía permiso para levantar una tercera altura», recuerda. No tuvo problema para hacerla, pero tuvo que respetar totalmente el trazado de los muros antiguos, utilizar madera para las ventanas, que no pueden abrir para dentro... El coste de la obra se multiplicó, pero como explica, no pudo acceder a más ayuda que 300 euros para realizar el estudio arqueológico. «Pedimos subvenciones, pero no las aprobaron porque alegaron que la vivienda era nueva, pero la vecina del primero, que lo que hizo fue arreglar un piso en ruina, tampoco obtuvo nada. Pidió la primera, le dijeron que no y ya no continuó pidiéndola», explica.

Hace un año que se mudó a su nueva casa, pero tardó cuatro en poder hacer la obra. «No había plan en el Concello y por eso tardamos tanto. Además nos pilló el cambio de Gobierno en la Xunta y tuvimos que hacer dos proyectos... lo pasamos mal, pero por fin ahora hemos terminado. Y menos mal que no tuvimos que pagar un alquiler durante el tiempo en el que realizaban los trabajos porque teníamos el otro piso pagado», dice. En estos momentos, en el Concello de Muros hay abiertos un total de 17 expedientes de rehabilitación en el casco histórico. La mayor parte de ellos son para hacer una rehabilitación integral, cubiertas o fachadas. Todos pueden optar a ayudas, pero estas dependen del «nivel de ingresos del beneficiario y del presupuesto de la obra», explican fuentes municipales. El tope para rehabilitación son 11.600 euros.