Avalancha de hardcore y metal extremo en Viveiro

CULTURA

XAIME RAMALLAL

El festival de A Mariña se la juega desde ayer con el cartel más poderoso de sus 8 años de historia. Gente como Lamb of God, Slayer, Bad Religion, Exodus, Biohazard y The Exploited hacen del Resurrection una referencia de alcance europeo en su género

02 ago 2013 . Actualizado a las 19:05 h.

En tan solo ocho años, el Resurrection Fest se ha convertido en una auténtica referencia de alcance europeo para un género tan amplio y en ocasiones mal comprendido como el hardcore y sus incursiones en el lado más duro del metal. Viveiro recibe una avalancha de fans llegados desde todos los puntos de la Península con tres cabezas de cartel de verdadero lujo para las tres jornadas de música que desde ayer toman A Mariña lucense: Lamb of God, que descargó anoche, Slayer y Bad Religión.

Las dimensiones del fenómeno Resurrection dan que pensar. Un recinto en el que conviven tres escenarios diferentes (Monster, Jägermeister y Arnette) por los que pasarán más de sesenta bandas. Diez horas de música sin tregua cada día. Tres plazas dedicadas a la memoria de Jeff Hanneman, guitarrista fundador de Slayer que acaba de fallecer; Tony Sly, líder del grupo de punk rock No Use for a Name, de cuya muerte se cumple ahora un año; y Mitch Lucker, vocalista de Suicide Silence que se mató en accidente de motocicleta en noviembre. Además de las clásicas firmas de discos, el consabido merchandising (fundamental para un estilo que vende camisetas como rosquillas), un área de acampada repleta antes incluso de empezar y una zona chill out, si algo así es posible en un festival de estas características, la edición de este verano contiene una novedad importante: un grupo de aficionados podrán conocer a los miembros de Slayer y charlar con ellos a través de un meet and greet, una fórmula de promoción que acostumbra a funcionar muy bien. Por lo visto en el vídeo oficial de la gira del Big Four (las cuatro bandas fetiche del trash metal), la gente del combo californiano puede ser, pese a la agresividad de su trabajo, muy amigable con el personal que le permite seguir en el negocio comprando sus cedés y llenando sus conciertos desde su lejano debut discográfico, hace ya treinta años.

El principal gancho

Slayer es, sin duda, el gran gancho del Resurrection 2013. Por los méritos que la banda ha atesorado a lo largo de una carrera plena de coherencia. Pero también por la particular situación que atraviesa tras la muerte, el 2 de mayo pasado, de Jeff Hanneman, quien junto a su compañero Kerry King fundó el grupo en 1981. Ya en su anterior visita a Galicia, en su gira conjunta con Megadeth, el guitarra de rubias guedellas se había quedado en casa. Se habló entonces de la picadura de una tarántula como causa de la necrosis que sufría nuestro hombre. En realidad, Hanneman padecía una gravísima afección hepática que provocaba síntomas similares y que a la postre acabó con su vida. Le sustituye, como hace un par de años, Gary Holt, guitarrista principal de Exodus. Tampoco estará esta noche en Viveiro Dave Lombardo, el batería original, cuya relación de amor y odio con el resto de componentes de Slayer es bien conocida. Diferencias sobre la manera de llevar el negocio han desencadenado la enésima marcha del músico de origen cubano, cuyo lugar a las baquetas ocupa ahora el ex Exodus Paul Bostaph.

El caso de Exodus, que proporciona a Slayer dos de sus actuales miembros, resulta como mínimo curioso. Ellos también estuvieron presentes cuando todo comenzó, en la bahía de San Francisco, a comienzos de los 80. Además de alimentar a Slayer, la banda cedió a Metallica a su guitarra solista, Kirk Hammet, cuando Heatfield y compañía se cargaron a Dave Mustaine. Hammet es hoy una estrella, pero su primer grupo jamás consiguió encaramarse al podio de los más grandes del trash. Es, en todo, caso, una excelente referencia que hoy precede a Slayer sobre el escenario.

Quienes anoche abrieron el festival pertenecen a una generación posterior. Lamb of God navegan entre géneros, siempre con la dureza de su música y las voces guturales de su cantante, Randy Blythe, como marca de la casa. Al bueno del voceras le pudo salir muy caro el golpe que, al parecer, propinó a un fan en el 2010, durante un concierto en Praga. El chaval, de 19 años, quiso subir al escenario pero acabó cayendo al suelo de cabeza para entrar en coma y fallecer a los pocos días. Blythe, que fue acusado formalmente de homicidio, permaneció un mes en prisión en la capital checa aunque acabó siendo absuelto, en marzo de este año.

Este tipo de historias granjean una reputación inmerecida a un género en el que, salvo patéticas excepciones, la agresividad se limita a la actitud sobre el escenario. Es difícil ver una pelea en un buen concierto metaleiro. El público, que se caracteriza por la fidelidad a la causa de sus bandas, acude a ellos para disfrutar de la música. Así que si algo es de subrayar en la poderosa apuesta de Viveiro es la calidad de su cartel. Valga como ejemplo final la presencia, mañana, de Bad Religion sobre el principal de los tres escenarios. Nacidos en 1979, renovaron e impulsaron el punk rock y el hardcore melódico en Estados Unidos, ejerciendo una influencia decisiva que reconocen multitud de grupos. Los de Greg Graffin son una auténtica leyenda.