Oscars 2013: «Searching for Sugar Man», ¿el documental del año?

Ha ganado el BAFTA y el domingo todo apunta a que se llevará la estatuilla dorada de Hollywood. Cuenta la historia de un músico de Detroit que descubrió que era una estrella en Sudáfrica 40 años después de que se le diera por muerto


Ya ha gando el BAFTA y el domingo todo apunta a que se llevará el Óscar. Searching for Sugar Man es de esos documentales que reivindica el género como apasionante, gracias a la historia de un músico de Detroit que descubrió que era una estrella en Sudáfrica 40 años después de que se le diera por muerto. «Esta historia es increíble, pero es verdad. Y como es verdad, tu libertad es mayor como cineasta. La ficción tiene que resultar creíble, pero en el documental no lo necesitas» explica su director, el sueco Malik Bendjelloul.

Rodríguez es ese Sugar Man del filme (que se estrena este viernes en España), un rockero que en los años setenta publicó varios discos que pasaron desapercibidos en todo el mundo menos en la Sudráfrica del apartheid, donde se convirtió en un ídolo popular... sin que tal fenómeno llegara nunca a sus oídos.

La primera vez que este director oyó hablar de Rodríguez, el protagonista de esta historia nominada a los Oscars, estaba de mochilero por África después de abandonar su trabajo en la televisión sueca. Al llegar a la parte más septentrional del continente, hizo autostop y le paró un hombre que se llamaba Stephen Sugar Segerman en homenaje a esa estrella que, supuestamente, se había suicidado en plena actuación. «Creo que era la mejor historia que había oído en mi vida. era como un cuento de hadas», explica todavía deslumbrado Bendjelloul, que nunca pensó que, tras esa búsqueda de un rockero muerto, se desplegaran tantas líneas de narración. «También era una historia de detectives, la búsqueda de una obra maestra oculta, un thriller político o La Cenicienta, pues es de alguna manera la resurrección del hombre. Un hombre, además, muy especial», expresa quien, gracias a su descubrimiento, ha hecho justicia universal a la obra de Rodríguez, quien tocará en el Primavera Sound en Barcelona el próximo mayo.

Si la historia es increíble, ¿cómo pudo suceder de verdad? «Sucedió por tres factores: porque sucedió en un país muy aislado, porque le pasó a un hombre muy aislado, sin teléfono en su casa, y porque fue todo antes de internet», explica el director. «Es una historia que está llena de contenido increíble. Me sentía muy afortunado conforme la iba descubriendo. Cada piedra que levantaba escondía una moneda de oro, un detalle precioso», resume.

Todo alrededor de Rodríguez, entre tímido y generoso, escurridizo con las cámaras pero lleno de poderío sobre el escenario con canciones condenadas ahora a ser títulos de culto como Sugar Man, Crucify Your Mind o I Wonder, que ya han entrado en el Billboard americano y han sonado en los programas de Jay Leno o David Letterman, cuatro décadas después de despachar apenas 10.000 copias fuera de Sudáfrica.

La metáfora más esperanzadora, la de que «si creas cualquier cosa, sea un cuadro, una película, un guión, está allí para siempre y no sabes lo que va a pasar. Quizá en algún momento o en algún lugar a alguien le parezca maravilloso», dice Malik Bendjelloul. Y la más amarga, la de Detroit, esa ciudad en la que vive Rodríguez y que es testigo de los fantasmas del capitalismo. Allí donde el protagonista, pese al descubrimiento, ha decidido mantener una vida tan humilde como siempre fue. Un milagro quizá mayor que la historia troncal del documental. «Es lo más extraño o lo mágico de esta historia. Que, con todos los cambios y giros en la trama, su protagonista no cambia. No necesita más que comida. Ha estado viviendo así toda la vida y va a vivir sí», explica.

Este Sugar Man ya descubrió en 1998 su doble vida como estrella de rock y reapareció triunfal llenando estadios allí donde nunca había tocado. Pero después, optó por no explotar el filón de su éxito en su vida diaria. «Su riqueza es ver es ir a sitios gratis: bibliotecas, museos...», explica el realizador sueco, que se encuentra ya en Los Ángeles para ver si el Óscar le cambia a él ahora la vida... ¿o no? «Creo que seguiré los pasos de Rodríguez y mantendré mi independencia. Esta película solo ha sido posible gracias a que pude estar 1.000 días en la sala de montaje, hasta quitar todo lo que tenía que quitar hasta conseguir que el espectador necesitara saber lo que sucede al segundo siguiente», concluye.

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