Ganó la más bonita, pero no la mejor, sin duda. Pretender que la Academia camine a la par que la crítica o se pliegue a exigencias cualitativas es tanto como intentar ordeñar una piedra? La edad media de los más de 6.000 miembros que la componen, los sitúan globalmente en una tendencia conservadora en cuanto a rechazar lo que no priorice el entertainment a la calidad. Por eso, El discurso del rey era un Oscar anunciado, condenando así al ostracismo (las estatuillas secundarias son un simple consuelo) a filmes que resistirán el paso del tiempo, el peor enemigo del cine coyuntural (léase Slumdog Millionaire, ganador de ocho disparatados Oscar en el 2008, por no remontarse más atrás).
Reconocer a Tom Hooper como el director del año es pura coherencia, pero su labor (simplemente eficaz) en absoluto es comparable a las de David Fincher en La red social, Christopher Nolan en Origen o los Coen en Valor de ley. Quedaba ridículo que la película elegida dejara huérfano a su autor, de ahí esa lotería. No hubo sorpresas en los cuatro actores porque su trabajo fue irreprochable, como el del resto de colegas descartados. Tampoco en conceder a Toy Story 3 el antorchado de animación. Quizá lo más justo habría sido que El discurso del rey se llevara las categorías de dirección artística y vestuario en vez de otorgárselos a la discutible Alicia en el país de las maravillas.
Y entre los grandes derrotados, los hermanos Coen y su muy notable wéstern Valor de ley. Puede que pesara el Oscar del 2007 concedido a No es país para viejos, o que ellos mismos se hayan cavado su propia tumba asegurando que les importa un comino el asunto estatuillas. Cierto que el sheriff Jeff Bridges no podía repetir la suya del pasado año por Corazón rebelde, pero haber marginado un año más al fotógrafo Roger Deakins, o apeado de las candidaturas al compositor Carter Burwell, confirma que los hermanos de Minnesota continúan siendo unos rarillos en el Hollywood del estruendo y la impostura.
En semejante panorama, la mexicana Biutiful destilaba un pesimismo que a pocos convenía, de ahí que In a Better World (En un mundo mejor, en su próximo estreno español) los sacara del apuro al haber recibido antes el Globo de Oro. Resumiendo, otra vez lo bonito se impone a lo bueno.