La cotización del viejo LP se guía por la oferta y la demanda. Los discos clásicos y los que marcaron época son objetos de culto
17 feb 2010 . Actualizado a las 02:52 h.La venganza del vinilo se sirve, cómo no, en plato, pero giradiscos. Con cierto menosprecio se consideraba que el vinilo era como un 2 CV en aquella época en la que estaban de moda. Funcionaban mal, pero estaban de moda. Y resistían.
Otro mito actual es aquel que justifica cierto masoquismo auditivo cuando se decía que lo que era la insoportable fritura de los vinilos se había convertido en coro celestial para muchos. Hay quien afirma, además, que hay mucho de fetichismo, que luce y destaca, pero poco de rentabilidad. Pero la pregunta es inevitable: «¿Qué pasa con el vinilo?».
La primera conclusión es que las discográficas creyeron que lo digital mataría a la estrella del vinilo. Y o no ha sido así o, en un acto de dejadez, el amplio stock de discos a la antigua ahora funciona por su cuenta.
Hay una cotización del vinilo que se maneja según la oferta y la demanda. Con su propio ecosistema. Los discos clásicos, las obras maestras de los artistas o aquellas que marcaron época siguen siendo objetos de culto, pero más allá son demandados por coleccionistas y aficionados en general.
El desaparecido Antonio Vega contaba en una ocasión, en entrevista con La Voz, que había ido a comprar un plato giradiscos a unos grandes almacenes y le habían mandado a la sección de menaje. Anécdota que demuestra que se menospreció un soporte que iba a ser devorado por las nuevas tecnologías y la reducción de espacios, sin tener en cuenta que esos viejos discos atesoraban algo que el resto no: buen sonido y una presentación artística que no se ha alcanzado con los nuevos formatos.
En grandes ciudades como Madrid o Barcelona, subsisten las tiendas que reservan la mayoría de sus estanterías para los vinilos. Y en las grandes superficies, cada vez más, se ven espacios para reediciones de trabajos que se presentan en formato elepé.
Tiendas con buena salud
Discos La Metralleta o La Gramola son dos claros ejemplos en la capital. Lejos de manifestarse como dinosaurios en la frenética gran urbe, la salud que se respira en el interior comparte ideario con las alejadas discográficas: la música es cultura.
Pero, en concreto, por poner un ejemplo, La Gramola es una tienda de música que lleva 28 años despachando discos en Madrid. Con tres tiendas, ahora dos, la mítica en la calle Tres Cruces (zona Callao), han visto pasar generaciones de aficionados a la música en todas las vertientes: pop, rock, heavy , jazz, clásica? Su artífice, José Antonio Pérez, ofrece algo que también ha caído en el olvido. Es como esos viejos libreros que sabían qué material tenían entre manos. El romanticismo, no obstante, no ha sido óbice para que el negocio haya dado para que los locales sean propiedad suya y trabajen tanto su mujer como sus dos hijos en un establecimiento que, si no es la gallina de los huevos de oro, en estos tiempos difíciles les da para mantenerse.
Uno de los primeros discos de Carles Benavent está al precio de 50 euros. El primero de Mamá, El último bar , a 45. El de debut, y único, de Alaska y los Pegamoides, a 25 euros. El precio lo pone el estado del disco, la dificultad de encontrar las copias y, por supuesto, su valor artístico. Pero, en definitiva, el mismo disco en vinilo es más caro que en cedé.
José Antonio Pérez, hijo, asegura: «Seguimos teniendo un nivel de ventas aceptable». Y se puede dar fe de ello, porque en la tienda situada en la calle San Bernardo, al lado de Gran Vía, siempre hay gente.
Pero, ojo, el trasiego de discos de segunda mano no es un chollo, como algunos podrían pensar. «Yo, por un lote de discos, te puedo dar 4 o 5 euros por ejemplar, como mucho y si es una joya. Luego, nosotros lo preparamos y lo presentamos lo mejor posible, esperamos a que se venda, y, claro, el precio es otro». Y no hay más que asistir a la prueba del algodón para corroborarlo. Una pareja llega a la tienda y ofrece unos quince discos. Se llevan 30 euros. La negociación, más que rápida, es la que es. Entre ellos está el primero de Los Ilegales, que se venderá, seguro, por más de 20 euros.
Regalo seguro
Y es que, en estos tiempos, lo que está claro es que, si tienes un cumpleaños y regalas un disco, más que acertar o no lo que puedes tener por seguro es que nadie te lo va a pisar. «Hay un público muy claro en eso. El típico caso de alguien que conoce bien los gustos de otra persona y le regala un disco que sabe que le gustó, que tuvo, y que con el tiempo perdió. Muchos novios o novias están haciendo eso actualmente. Y luego está el comprador en general, que lo hay de todos los estilos. Ahora hemos detectado que hay muchos interesados en discos de música clásica», asegura Pérez. En definitiva, una manera de volver a comprar discos, pero otra vez en vinilo. Tal vez el último gran rescate sentimental de nuestros días.