Estudiantes del conservatorio superior coruñés señalan que su principal reto es la improvisación, para la que se necesita una dura preparación. «No es magia», dicen
09 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Estudiar improvisación es uno de los retos de quien escoge el jazz como carrera. Uno de los principales, pero no el único. Comparten estudios y carrera musical, actúan y estudian y consideran, en general, que ser músico de jazz es un oficio exigente y su principal objetivo es tocar.
Jacobo de Miguel es asturiano y estudia jazz en el Conservatorio Superior de Música de A Coruña. Es pianista y considera que la existencia de una titulación superior para su disciplina «tiene una ventaja en cuanto a que es un reconocimiento oficial y te coloca a la par que otros estudios», pero asegura que también en lo «artístico hay ventajas, porque supone poner orden en la manera de estudiar ya que no estoy seguro de que se consiga un desarrollo artístico sin determinados estudios».
En el conservatorio coruñés, De Miguel forma parte de un combo con disco propio y actuaciones en citas como el Iberojazz, en el que Miguel Queixas también participa como batería. Para Queixas, más allá de la titulación, «os estudos permiten unha evolución artística que eu vexo como intérprete e que, cando traballo como músico, no jazz ou noutro estilo, tamén noto».
Para Gustavo Hernán, contrabajista, que también cursa estudios en A Coruña y participa en el grupo, ser alumno permite, entre otras cosas, «participar de las actividades que complementan los estudios, en festivales, en los intercambios con la Esmae (la Escola Superior de Música e Artes do Espectáculo de Porto) o poder tocar con otros músicos».
Jacobo de Miguel, que también estudió música clásica, considera que en el jazz hay elementos que no se dan en otras disciplinas, por ejemplo, la improvisación. Señala que la improvisación «no es cuestión de magia» y explica que «requiere de una preparación tan dura como la más dura que se pueda exigir a un ejecutante de cualquier otra música».
Para Miguel Queixas, «a improvisación é unha materia troncal para quen quere estudar jazz porque, ademais, garda relación coa composición e porque poderíamos definir a improvisación como conseguir a composición en tempo real».
Sobre la capacidad o la disposición de los músicos de jazz al autodidactismo, para De Miguel hay una respuesta clara: «antes no había escuelas para aprender jazz así que, en muchos sentidos, el autodidactismo parcial o total era casi obligado». Advierte también que sucede en el jazz «como pasó con la música contemporánea», que se mueve «en un terreno resbaladizo donde no se puede decir de manera radical esto está bien o mal», pero apunta a continuación que tampoco «se puede entregar toda explicación a que es un trabajo sincero o muy personal porque tenemos un siglo de tradición y también tenemos que responder ante eso».
Gustavo Hernán apunta que la exigencia que tiene el jazz como género «es bien entendida por el público» de manera que, tal y como él observa en los conciertos, «los espectadores son cada vez más jóvenes y más conocedores de la música, y esto también obliga al músico a mejorar». Jacobo de Miguel señala que el jazz está siendo percibido ahora «como cultura con mayúsculas y quizá no siempre fue así», y para Queixas está circunstancia «ten que ver co moito que se ampliou o coñecemento da música moderna».