Todas en un saco no cogen

Rober Bodegas

CULTURA

24 jul 2008 . Actualizado a las 22:31 h.

n Para no romperme la cabeza pensando sobre qué escribir, pregunto al jefe de qué va el suplemento esta semana. Me dice que con el verano a tope, tenemos un poco de todo: desde el regreso de Whitesnake, hasta unos chicos que arrancan al Summercase, hasta las actuaciones de las fiestas del Apóstol y el festival Sereas e Piratas, que homenajea a la Galicia bizarra.

Dicho esto, si tuviera vergüenza y fuese profesional cogería uno de esos temas y lo desarrollaría en un monólogo de partirse, pero como tomar esa decisión podría alargarse más que un solo del guitarrista de los mismos Whitesnake, voy a echarle cara y pinchar un poco de cada plato, que es algo muy gallego y también puede ser interesante investigar las relaciones entre unos heavys reaparecidos, el Apóstol, una road movie versión catalana y un festival bizarro en un lugar ya de por sí inquietante, Carballo, mi tierra. Allá vamos.

Lo primero de lo que me entero es, como decía, de que vuelven Whitesnake. No era de extrañar. Los ochenta están de moda, con sus pelos cardados y sus pantalones pitillo. El champú-rock se cotiza al alza y esas melenas largas, repletas de rizos, que durante años estuvieron desterradas y solo veían la luz en las cabelleras de los integrantes de Camela, vuelven a brillar orgullosas en unos tiempos nunca soñados por los directivos de laca Nelly.

Y qué mejor medida ahorrativa que reengancharse al calimocho en estos tiempos de recesión económica. Además, sus fans de siempre siguen ahí, los heavys siempre son heavys, a ninguno le ha cambiado la vida un disco de Amaral. Siguen oyendo a Iron Maiden e, incluso, emulándolos con el Guitar Hero. Que un grupo heavy vuelva y triunfe es más fácil que que nos emocionemos con el anuncio de coca cola. Ni guitarra, ni guitarro.

Continuemos: los Whitesnake son británicos, al igual que más del cincuenta por ciento de los asistentes al festival de Summercase, que no es precisamente un festival heavy sino pop (será porque el cuero en verano se pega a la piel).

Pues bien, yo me pregunto: ¿por qué más de sesenta mil británicos deciden venirse a nuestra costa a emborracharse y escuchar música pop, cantada para más inri por grupos ingleses, si ya viven en una isla que además es el país del güisqui (con permiso de Irlanda) y la cuna del pop?

No parece que tenga sentido, a lo mejor es porque la fiesta en sí es un invento patrio, y se ve que por más que te den los ingredientes no sale igual.

Es como la tortilla de mamá, puedes llevarte de su casa las patatas, los huevos y hasta la sartén, que no te saldrá ni parecida.

Convencidos de que esto es así, por lo visto, tres paisanos intrépidos se lanzaron a cruzar el mapa en coche para comprobarlo, no sé si por romanticismo ?lo del coche digo, porque en cuanto a lo otro, siendo un trío todo apunta al vicio? o porque no hay vuelos disponibles.

Y no sé qué cuentan nuestros amigos, si habrán vuelto emocionados con un sombrero a lo Pete Doherty y todavía están bailando mirando al suelo y pensando en Morrissey. Pero que a nadie le dé envidia.

Este finde el festival Sereas e Piratas, en la playa de Razo, ofrece una alternativa más modesta, pero más bizarra y, además, al ser gratis, gana al Summercase en relación calidad-precio. Por no hablar de la playa, ya quisieran las medusas tener el encanto de nuestros escarapotes.

Y, además, a ver quién tiene güevos de vender como una gesta ir a Benicasim en coche a todos los que llegan a Compostela andando, que Santiago Matamoros tiene más tirón que la vuelta de los Whitesnake, la de los Beatles o incluso la de Elvis, si fuera posible.

Y eso que lleva dos mil años sin cambiar el repertorio.