La ciudad que marcó a un genio

CULTURA

El joven artista vivió entre 1891 y 1895 en A Coruña, donde expuso por primera vez

09 dic 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

Hay quien no duda de que la paloma de la paz es coruñesa. Allí donde el universal símbolo tiene una escultura, justo junto al instituto donde estudió el joven Picasso, se siguen viendo muchas. Y los biógrafos dan por hecho que el pequeño Pablo pintaba las patas de los pájaros cuando su padre, Ruiz Blasco, perdió visión para completar sus cuadros. Tan bien trazó las extremidades de las aves que el anecdotario habla incluso de una alternativa torera padre-hijo cuando finalizó uno de sus palomares. Y tantas llegó a pintar de niño que, tiempo después, cuando el pájaro terminó en icono, lo dibujó amputado.

Sea como fuere, probablemente Picasso no hubiese sido el mismo, ni el mismo genio, sin su paso por A Coruña, la ciudad en la que adquirió un dominio académico de la técnica, donde lo marcó Isidoro Brocos, en la que expuso por primera vez, vivió la adolescencia, descubrió el primer amor y también la muerte de cerca. Llegaron los Ruiz en septiembre de 1891 y se fueron en verano de 1895, tras el fallecimiento en enero por difteria de su hermana pequeña, enterrada en San Amaro a los 7 años. El ya artista tenía 13 y juró no volver a pintar. Afortunadamente, no cumplió su promesa.

El cabeza de familia decidió el traslado desde Málaga por la plaza de profesor de la Escuela de Belas Artes, en la que un año después se matriculó el joven. Hoy, el centro de Artes lleva el nombre del hijo y conserva su expediente académico. Pintó entonces múltiples ejercicios escolares y retratos, como el del médico Pérez Costales, su mecenas, y también las primeras marinas, del Orzán y, en alguna, la torre de Hércules.

Al faro romano, del que hizo repetidos bocetos, lo rebautizó como la torre de Caramelo en otro de sus ejemplos de temprana creatividad: realizó varios diarios caseros , y en el instituto Eusebio da Guarda elaboró el Álbum de La Coruña . En las vacaciones de verano de 1893 hizo La Coruña , un manuscrito con gracia, con la dulce construcción bimilenaria y una ilustración sobre los baños betanceiros. Poco después, en octubre, pintó los tubos de pintura que utilizaba en la portada de una revista, Azul y Blanco , y su ánimo editorial continuó meses siguientes para recrear escenas de la calle Real, la zona del Teatro Rosalía, dibujos de pescadores... muchos de ellos custodiados en Barcelona.

Brilló con 14 años

Trazaba entonces estampas costumbristas, personajes típicos y a su etapa coruñesa se atribuyen dos obras que le acompañaron durante su vida, La muchacha de los pies descalzos y Hombre con gorra , ambas en el museo picassiano de París. La tienda de muebles de Joaquín Latorre, en el 20 de la calle Real, acogió su primera exposición en febrero de 1895, dos estudios de cabezas al óleo en los que apuntaba más que maneras.

Hoy, una veintena de gallegos conservan creaciones sin autentificar. A expensas de lo que con ellas suceda, en la ciudad solo viven cinco Picassos , y solo uno de su etapa coruñesa: un dibujo sobre papel de 1895, un ejercicio de la escuela, que por una cara representa una romería gallega y en el reverso la figura de un torero y un cura con los ojos formados por inscripciones numéricas. Está en el búnker de arte de Caixa Galicia en Pocomaco, junto a Quatre femmes , dibujo de 1901, y el óleo Profil à la fenêtre (1934). El Museo de Belas Artes custodia su Mujer con sombrero , de 1939, y la Fundación Jove adquirió en enero el bodegón Poire, Verre et Citron (1922).