Cuando ellas llevaban el dinero a casa

La fábrica de tejidos de Présaras fue una revolución social en el rural del siglo XX. Un documental la rescata del olvido

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Vilasantar / La voz

Decir que Vilasantar podía haber sido una especie de Inditex es exagerado. Pero hay un paralelismo entre el pequeño municipio y el bum económico generado por Amancio Ortega: con la industria textil este concello rural vivió sus mejores años durante la primera mitad del siglo XX, y Présaras funcionó mucho tiempo como cabecera de comarca. Y con una peculiaridad: aquí el dinero a casa lo llevaban ellas.

Es parte de la historia que está rescatando la periodista Marina Chiavegatto en un documental financiado por la Diputación, tras ganar el Premio Luísa Villalta de Proxectos Culturais pola Igualdade. Pero lo que está haciendo Marina no es una simple grabación sino una labor de rescate de incalculable valor. Gracias a ella, los testimonios directos de las últimas testigos de la fábrica de hilados de Vilasantar no perecerán nunca.

El reportaje estará listo en septiembre. De momento, Marina nos invita a conocer a Carmen y Milagros, dos de aquellas trabajadoras que vivieron la apoteosis de la fábrica de Présaras y su polémico ocaso con un punto y final en forma de misterioso incendio. La entrevista estaba prevista en el centro cívico de Présaras pero ha de trasladarse a un bar. El alcalde, Fernando Pérez, ha denegado a Marina el permiso para grabar en el local municipal. «Pedinllo, pero nada...».

«Todo o mundo da contorna quería traballa alí, na época do trueque estas mulleres tiñan cartos que cobraban os sábados e dinamizaron a economía local. Grazas á fábrica aquí houbo moitas tendas, servizos médicos, hostalería…», explica Marina. Y mientras, eran los hombres los que se encargaban de las fincas domésticas y los que atendían a los hijos cuando ellas cumplían sus turnos en la fábrica. Como Milagros Quintela, que tuvo siete hijos. «Entrei con 14 anos e saín con 25 no 1962». «Eu fun a única encargada muller na fábrica, igual que a miña nai». Es decir, pese al volumen de empleo, con más de 300 mujeres, la fábrica no perdía la esencia de empresa familiar. Hilados y Tejidos de Vilasantar, así era el nombre oficial, se fundó en 1901 y en ella se elaboraban sábanas, lienzos y telas con turnos para cubrir la producción 24 horas al día. La agitación fabril se tradujo así en una eclosión demográfica y casi urbanística en Présaras. «Non había unha casa baleira».

E incluso la fábrica insufló a esta pequeña localidad de un cierto caché. Lo describe muy bien Carmen Íñiguez con este ejemplo vivido después de 1962: «Ao pechar, marchei a servir á Coruña e alí comprobei que había xente que dicía que era de Présaras sen selo, é que daquela Présaras era un sitio importante».

El misterioso incendio

Carmen trabajó aquí de los 16 a los 32 años con el mismo final abrupto que sufrieron todas: un incendio que puso fin a meses de titubeos por parte de los nuevos propietarios. «Cos Miranda a fábrica conqueriu o seu maior esplendor, pero cando tocou investir para modernizala optaron por vendela a uns cataláns de apelido Sabio», relata Marina Chiavegatto. «Propuxéronnos deixar a empresa a cambio dunha máquina de coser para cada unha, pero non aceptamos», recuerda Milagros. Y tras varios recortes de plantilla y una producción irregular, la noche del 8 de diciembre del 1962 la fábrica quedaba reducida a cenizas.

Ahí empezó el declive de Présaras. Pero algo había inoculado aquellos 60 años de intensa producción: la inercia del trabajo fuera de casa entre las mujeres. Milagros, por ejemplo, se hizo peluquera.

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