Culpable de asesinato el hombre que mató «por venganza» a una mujer en Oza-Cesuras

OZA-CESURAS

CESAR QUIAN

El jurado tomó la decisión por unanimidad. La Fiscalía pide para el procesado 29 años de prisión, y la acusación particular, 32

22 nov 2023 . Actualizado a las 19:21 h.

Alberto Serrano acudió el 15 de enero del 2021 a Porzomillos (Oza-Cesuras) para matar a una mujer. Se coló en su casa al caer el día y, tras perseguirla, puso el cañón de una pistola en la nuca de la víctima y disparó. Lo hizo por venganza. La fallecida era la esposa del jefe de la mujer del asesino y entre ellos hubo una relación tormentosa. Así fueron los hechos para los miembros del jurado popular que a lo largo de estas dos últimas semanas escucharon a las partes en el juicio celebrado en la Audiencia Provincial de A Coruña. El tribunal leyó este miércoles el veredicto, declarando culpable de asesinato al procesado, que hoy tiene 52 años y escuchó la sentencia tranquilo. La Fiscalía pidió que la jueza le impusiese una pena de 29 años de prisión, mientras que la acusación particular 32. El abogado del acusado anunció que presentará un recurso contra el veredicto.

El jurado popular no creyó ni una sola palabra a Alberto Serrano. Este relató que el día del crimen fue a un narcopiso de Meicende y se encontró con su amigo Paolo. Ambos decidieron ir a robar y él propuso la casa de la víctima. Según su relato, al llegar, «ella subió las escaleras y la seguí. Luego salió por una ventana que daba al tejado, escuché un petardazo y vi a Cistina tumbada», dijo. Añadió que huyó y al salir de la finca cayó. Luego escuchó un silbido. «Me giré y era Paolo. Me arrastró entre los matorrales a una zona de zarzas. Me pidió que me sacara el chaleco y me dijo «toma, aguanta» y me dio el arma y la cogí. Fue la primera vez que vi la pistola», aseguró.

El problema de su relato es que no se presentó una sola prueba que lo sostuviera. Todo lo contrario. Los indicios lo acorralaron. El jurado, en el veredicto, motivó la decisión de declararlo culpable en base a que la pistola tenía su ADN, el chaleco que llevaba tenía tanto sus rasgos genéticos como los de la víctima. Por otra parte, los vecinos de la zona no vieron a nadie más que al acusado. Tampoco se encontraron huellas de otra persona. Ni en la casa ni en su coche.

En cuanto al móvil del crimen, la fiscala dijo que hay «uno clarísimo. Fue un «ajuste de cuentas» por motivos laborales cuyo germen es una relación personal entre la mujer del encausado y el marido de la víctima, que ambos reconocieron durante la vista.

La representante del Ministerio Público añadió que durante el proceso se ha confirmado que el encausado persiguió a la mujer «y en el momento que le da alcance, en ese mismo lugar, la encañona, la dispara y la mata». «Tengo la convicción plena y no tengo duda alguna de que el acusado mató alevosamente a la víctima», quien sufrió, ha dicho, una «cacería en su propia casa».

Uno de los misterios que quedan en el aire y que solo el acusado puede responder es la razón por la que llevaba encima una mochila en la que guardaba un cargador, aparte de la pistola, una larga cadena, grilletes y unos candados. ¿Qué pretendía? No se sabe. El jurado no creyó su versión cuando Alberto Serrano explicó que la persona que llevaba todo eso era su amigo Paolo.

La fiscala explicó que el acusado llevaba consigo el arma y dos cargadores con munición abundante, iba preparado para matar». Luego añadió queel acusado «no robó nada en absoluto. Solo mató».