«Sorrir», algo más que un gesto en Oleiros

R. Domínguez A CORUÑA / LA VOZ

OLEIROS

Rocío Sampedro y Mari Cerqueiro, realizando su trabajo en la unidad de salud bucodental de Oleiros.
Rocío Sampedro y Mari Cerqueiro, realizando su trabajo en la unidad de salud bucodental de Oleiros.

Desde el centro de salud de A Covada, dos profesionales han puesto en marcha un programa de atención bucodental con semáforo para los mayores más vulnerables: los ingresados en las residencias de mayores. Ahora, aspiran a que se replique en otros concellos

17 jun 2026 . Actualizado a las 08:53 h.

Hasta el nombre con el que lo han bautizado tiene toda la intención: Sorrir, con especial acento «en lo de ir, porque somos nosotras las que tenemos que ir a verlos a ellos, no al revés», explica Rocío Sampedro. Es la odontóloga de la unidad de salud bucodental de A Covada e impulsora con su compañera, la higienista Mari Cerqueiro —«somos un kit inseparable», dice— de un programa para mejorar la atención a las personas mayores que viven en las residencias de Oleiros. Hay, entre públicas y privadas, una decena en el municipio, entre ellas la de grandes dependientes de la Xunta en la que ya funciona este programa de asistencia y que, creen, no estaría mal que se exportase a otros municipios.

«Las personas que viven en residencias son muy vulnerables, una gran mayoría tienen dependencia funcional. Tú en tu casa te limpias, pero muchos allí ya no pueden. Además, muchos sufren comorbilidades crónicas y complicaciones que empeoran con un mal cuidado bucodental», explica Rocío. Hasta ahora, la atención cuando, por ejemplo, un usuario tenía un flemón dependía de que la propia residencia los pusiese trasladar a la unidad. «Eso no es garantizar asistencia a todo el mundo», resuelve la dentista. Así que, como ella misma cuenta, cuando se juntan varias mentes inquietas e implicadas y toda la voluntad de cambiar las cosas, surgen iniciativas como el programa Sorrir. Contaron con el apoyo del jefe de Atención Primaria de Oleiros, José García Fraga, con la enfermera especialista Karen Meier, con su trabajador social, Miguel Cid, pero también con el personal del equipo de residencias de Hospitalización a Domicilio del Chuac, y, por supuesto, con el personal de los propios centros, el de la médica geriatra de la residencia de asistidos, Luciana Lado, y hasta la comisión de ética y la gerencia del Área Sanitaria de A Coruña dieron luz verde.

Se trataba de que «parte de nuestra jornada fuésemos a atender en la propia residencia». Pero fueron mucho más allá. Revisaron a casi la totalidad de los mayores «y nos encontramos lo que ya sabíamos o nos temíamos».

Impacto en otras patologías

Realizaron un registro con datos sobre cómo estaba la cavidad oral de cada uno de ellos, si tenían lesiones, pero también cuáles sufrían patologías cardíacas o renales «para un estudio que beneficiase a mucha gente y ver si el control de la salud oral conlleva mejora en otras patologías, un bien para estos pacientes, pero también para el propio sistema y su sostenibilidad», incide la odontóloga. Se sabe, por ejemplo, que una boca en mal estado se duplica y hasta triplica con el riesgo de demencia, y que se multiplican las posibilidades de repetición de un ictus o de agravar dolencias como la EPOC, la apnea del sueño o el cáncer oral.

En una primera ronda, exploraron a 297. Los datos recabados confirmaron que «hasta un 70 % de los residentes tienen caries», pero ese registro las llevó a dar un paso más. «Creamos un semáforo», explica sobre el método elegido para, de una manera ágil y visual, estratificar el riesgo de los mayores y, en consecuencia, fijar una escala de fragilidad para priorizar las intervenciones por orden de necesidad o urgencia. De forma general, los enfermos encamados reciben revisiones cada seis meses, los residentes con movilidad autónoma son evaluados una vez al año y aquellos que presentan mejor estado, cada 18 meses. 

«Hasta el 70 % de los residentes en centros de la tercera edad tienen caries»

Ese «semáforo clínico», integrado en las herramientas de gestión digital que utiliza el personal de las residencias, se basa en el control de parámetros básicos —como el estado de las prótesis o la presencia de heridas— para que los cuidadores anoten el estado del usuario: el código verde indica normalidad; el naranja avisa de una anomalía que debe valorar un supervisor; y el rojo alerta de dolor o patología aguda, activando una vía de comunicación directa con la consulta odontológica para realizar una visita o un intercambio de imágenes diagnósticas «en 24 horas». Pronto vieron que para llevar a cabo todo esto «había que formar a los cuidadores y a los familiares», un trabajo del que se ocupó Mari Cerqueiro, consolidando una pieza fundamental del proyecto para asegurar la prevención diaria y la detección temprana de complicaciones o urgencias.

Pasta y cepillo

Ahora están organizando ya las agendas de cara a septiembre, con la previsión de salidas semanales o quincenales para revisar a 20-30 mayores por día para reforzar también la educación higiénica .«No se hacen empastes, ni prótesis, pero enseñarles a mantener la cavidad oral en estado bueno y la higiene de las prótesis es fundamental, tanto como la labor asistencial», incide Sampedro, sobre todo teniendo en cuenta el progresivo envejecimiento de la población y las dificultades de acceso a una sanidad privada cada vez más costosa. «A veces, la solución es pasta y cepillo, pero también eso hay que saberlo», recalca sobre el papel que juegan los cuidadores en el caso de los grandes dependientes. Insiste en que la atención a personas institucionalizadas «es responsabilidad de todos» y necesita del compromiso de la familia, del personal y de las instituciones porque «al final lo que hay que garantizar son unos cuidados dignos, y cada intervención mejora su salud». 

«Hemos creado un semáforo para priorizar la atención según la gravedad»

Aparte de la satisfacción de ver que así es, el programa les ha dado otras alegrías. Lo presentaron en mayo en el congreso de la Sociedad Española de Gerontología con una muy buena acogida. Tanto que se planteó la posibilidad de extrapolarlo a otros puntos. Con apoyo institucional, cree, es posible. «Sobre todo en residencias públicas, porque muchos de los usuarios están tutelados por la Xunta y es responsabilidad política que se cuide a los mayores y exigir a las privadas que también lo hagan», concluye.