Las últimas redeiras de Lorbé

En solo 12 años han pasado de 16 a solo dos. «É duro pero non o cambio por estar pechada nunha oficina»


Oleiros / La voz

Las redes de Manuela y María tienen mucha cobertura. Algunas alcanzan distancias a cientos millas del Atlántico. Ocupan la última nave del muelle de Lorbé (Oleiros), inaugurada hace doce años cuando eran 16 rederas. Pero la jubilación de las compañeras no ha sido paralela al relevo generacional. Hoy los jóvenes buscan redes invisibles y sin olor a pescado.

Por eso Manuela y María son las últimas rederas de Lorbé. «Bueno, tamén está Fina, pero ela traballa na súa casa para un único barco», dice Manuela sin mirar a su interlocutor. Si no mira no es por timidez, ni mala educación. Simplemente su trabajo requiere de todos los sentidos. Así que, mientras habla con el periodista, mantiene la vista fija en una telaraña verde y gigante.

En este local con vistas a la fusión costera de Oleiros y Sada hacen un horario de oficina. «Vimos pasadas as dez da mañá ate a unha e media -señala María-, e logo volvemos ás dúas e media». Ella vive en Dexo, su compañera en Mera. Lo que supone cuatro desplazamientos al día. Ya que hemos citado la palabra oficina, viene a cuento añadir que Manuela nunca trabajaría en una de ellas. «Todos os traballos teñen o seu aquel, acaso o teu non ten cousas boas e malas?», pregunta al periodista, que contesta con una mirada. «A min non me verás nunca nun sitio pechado, nunca», sentencia.

Ambas son redeiras desde el 2004.

-E antes en que traballaron?

-Antes? Na casa, coidando dos pais, e ás veces dos netos.

Así que es el primer empleo de sus vidas. Por eso sus años de cotización son pocos. Pero por eso reclaman lo que se llama el coeficiente reductor, una reducción de la edad de jubilación por cada equis años. «Os mariñeiros o teñen, pero as redeiras non, iso nos permitiría retirarnos antes, e ao mellor temos que estar ate os 67», explica Manuela, en cuyos brazos asoman muñequeras y vendas. «Estamos indo ao fisio cada dous por tres, isto é moi duro, hai que facer moito esforzo», explican. «Levamos moito tempo pedindo o coeficiente redutor, pero nada».

El puerto de Lorbé no es muy grande, abundan las embarcaciones pequeñas, y casi todas las redes pasan por las manos de María y Manuela, que reconocen que la suya empieza a ser una profesión en peligro de extinción y casi exótica. De hecho, no les gusta la reacción de algunos turistas que pasean por este enclave paradisíaco.

-Entran no local, tírannos unha foto e nin preguntan.

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