Por esta ventana miraba Rosalía

Por toda la comarca hay una decena de casas-museo y otras tantas placas conmemorativas que recuerdan y homenajean a nuestros escritores más ilustres


Estas casas huelen a libro. Las paredes no hablan, pero nos permiten imaginar cómo encontraba la inspiración Emilia Pardo Bazán en el pazo de Meirás o en la calle Tabernas, actual sede de la Real Academia Galega, en la Ciudad Vieja de A Coruña. Muy cerquita, en Príncipe 3, una placa recuerda que en esa casa residieron «Rosalía de Castro, o seu esposo e os seus fillos en 1873» y remata la inscripción: «Á esgrevia cantora de Galicia, no seu centenario, xullo de 1985». La poetisa fue coetánea de Juana de Vega, que vivió en el número 56 de la calle Real, lugar en el que la escritora Nieves Abarca sitúa muchas de las escenas de su último libro, Voraces, como los recitales del violinista Pablo Sarasate, a quien apadrinó la condesa de Espoz y Mina. También de su amiga Concepción Arenal todavía se conserva en Leiro (Miño), el pazo de A Castela, donde vivió entre 1823 y 1829.

Regresamos a la ventana por donde miraba Rosalía (de Castro, que ahora hay que aclararlo). Junto a ella, su esposo, Manuel Murguía quien, curiosamente, nació fortuitamente en Oseiro (Arteixo). Su madre se puso de parto camino de la romería de Pastoriza, donde ahora se levanta un monolito en su memoria.

Y qué decir de Villa Florentina, la casa animada de Wenceslao Fernández Flórez en Cambre o del pazo de Lóngora (Liáns, Oleiros), sede del Instituto Universitario de Medio Ambiente de la UDC, donde vivió la escritora y periodista Fanny Garrido.

Son casas llenas de literatura. De algunas salieron clásicos como La casa de la Troya, que su autor, Alejandro Pérez Lugín, escribió en As Mariñas coruñesas. En A Lagoa, (Bergondo), se conserva una placa que así lo recuerda en una casa que, por cierto, está a la venta. En Sergude (Carral) tuvo casa Francisco Tettamancy, aunque el escritor nació y trabajó en A Coruña ciudad, tras el regreso de su emigración en Argentina. Y del monte Bocelo, en el Concello de Sobrado dos Monxes, tomó su seudónimo el periodista Pedro de Llano, puesto que era el que veía siempre desde la ventana de la casa de sus suegros, donde continúa viviendo la familia a día de hoy.

En Beloi (Sada) corresponde hacer una parada en la casa donde nació el político galeguista Ramón Suárez Picallo, en cuya fachada hay una placa que, a petición en su día de Isaac Díaz Pardo, dice: «...que amou a Galiza e ó seu pobo labrego e mariñeiro e morreu de saudade en Bos Aires, soñando con que algún día o levaran a enterrar ó Fiunchedo». De vuelta a A Coruña, en el 21 de la calle Juana de Vega se puede leer: «Aquí morou os seus derradeiros anos o poeta Eduardo Pondal, autor da letra do Hino Nacional Galego. Homenaxe da Agrupación Cultural O Facho, 1982». Y en un rueiro de Eirís está el recuerdo de Xosé Lesta Meis, así como el más reciente homenaje al escritor Xavier P. Docampo, en la plaza González Dopeso. Fue una de las últimas que se colocó.

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