La partida del siglo

Jesús Vázquez, vecino del Burgo, que acaba de cumplir 100 años, acude todas las tardes al centro cívico de la localidad para jugar a la brisca


Jesús Vázquez Vázquez contesta el teléfono. Le pregunto qué tal se encuentra sin necesidad de elevar mucho la voz. «Vou indo, máis o menos», responde este vecino del Burgo al que hace poco el Ayuntamiento de Culleredo homenajeó con motivo de su 100 cumpleaños. Nació el 6 de febrero de 1916. «No hay secreto para llegar al siglo, es lo que Dios dispone», comenta. «Ahora mismo no me acuerdo. Me pregunta el periodista qué me regalaron por el centenario», le dice a su mujer, siete años más joven que él. «Una empanada y una tarta», contesta al fin. Toma una pastilla para la tensión, come «como los demás» y lo acompaña con medio vaso de vino. El matrimonio tuvo cinco hijos. ¿Y nietos?, le pregunto. «Unos doce me parece que son», responde. ¿Y bisnietos? «Dos o tres, creo». Un hombre entrañable que no perdona la partida de brisca en el centro cívico del Burgo. «Voy jugando bien», comenta este veterano mientras juega la partida del siglo con su mujer.

100 años de Marceliano

Sigo con otro coruñés de un siglo de vida. El alcalde de Oleiros, Ángel García Seoane, recibió ayer en la Casa Consistorial a Marceliano García Hernández, que el viernes cumplió un siglo de vida. Acompañado de la familia fue obsequiado por el regidor y después compartió almuerzo con los suyos en el restaurante El Refugio. Me cuenta su hijo Pepe que su padre nació en Villatoro, que pertenece al Ayuntamiento de Piedrahíta, provincia de Ávila. «Era maestro herrador y al acabar la guerra lo destinaron aquí, y ya se quedó», recuerda. Un buen día fue a la discoteca el Seijal con unos compañeros militares y conoció a una coruñesa Teresa, fallecida hace 5 años, con la que se casó y tuvo dos hijos, el citado y Marceliano. Por cierto, el hijo de este también fue bautizado con este nombre castellano. Ya es difícil encontrar una familia con tres Marcelianos. Me cuentan que esta semana el centenario anduvo un poco fastidiado de salud «por culpa de los nervios de la celebración». Por cierto, hasta hace poco dedicaba parte de su tiempo a una afición realmente curiosa, fabricar veletas con recortes de chapas y otros materiales que iba encontrando. En muchos tejados de viviendas de Oleiros siguen a merced del viento los artesanales trabajos del centenario Marceliano.

Botelo en A Coruña

Por tercer año consecutivo el ayuntamiento del Barco de Valdeorras trajo a nuestra ciudad uno de sus productos más destacados, el botelo. «Do mar o mero, e do Barco o botelo», reza el eslógan. «La idea es promocionar el botelo y, de paso, los vinos de la comarca y pensamos que una buena manera de hacerlo es esta comida», comenta Margarida Pizcueta, concejala de Cultura, poco antes del almuerzo exaltación en el restaurante del monte de San Pedro. Me cuenta que en el propio Barco no hay secaderos porque, aunque es una localidad alta, el producto necesita para curarse estar por encima de los 800 metros y los elaboradores optan por lugares como Manzaneda. «E que non é o mesmo curar un chourizo que un botelo, que pesa máis de 3 quilos», destaca.

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