«No falta la gente que renuncia en su primer día de trabajo»

Rebeca Caneda

OLEIROS

El esfuerzo que supone cuidar a personas mayores, aun habiendo recibido una formación específica, es más que evidente. El alto índice de bajas laborales que se producen en las residencias gerontológicas es prueba de ello.

Loli Castro trabaja como auxiliar de la Residencia Asistida Terceira Idade de Oleiros desde el año 1992, aunque con breves períodos de cambio: «Me marché hace tres años, pero volví en cuanto conseguí la plaza», remarca. Loli confirma que la dureza del empleo implica «continuados cambios de personal» debidos a las «muchísimas bajas» que se producen. Y que no todo el mundo es capaz de superarlo. «No falta la gente que viene y renuncia en su primer día de trabajo». Según ella, esta situación se explica fácilmente: «Este tipo de pacientes necesitan de un cuidado continuo. Y eso exige también un trabajo continuo de 24 horas», afirma la auxiliar.

El próximo año, María del Carmen -o Cuqui, como la conocen todos- cumplirá veinte años trabajando como ATS en este centro de Oleiros. «La primera vez que entré en un geriátrico, cuando estudiaba, me impactó mucho. Ahora, cuidar a mis viejiños no lo cambio por nada. No es solo dar pastillas y cumplir un horario de hospital; es algo que te tiene que implicar más. Así que es inevitable cogerles cariño», relata.

No obstante, la enfermera destaca que, a pesar de los lazos afectivos, hay que que ser consciente de que es un trabajo en el que además del desgaste físico, que «es evidente», «psicológicamente también resulta agotador, porque ellos [los residentes] son muy exigentes y demandantes».

Humor y paciencia

«La clave para trabajar aquí está en el carácter», señala Santi, fisioterapeuta de la residencia desde hace seis años. «Profesionalmente te llegas a estancar, ya que no puedes utilizar muchas de las técnicas que has aprendido porque están contraindicadas, además de que ellos no colaboran». Pero matiza enseguida que también «es gratificante», así que al final «compensa y lo pasas bien. Te cogen cariño y acabas siendo su punto de referencia y, a veces, casi hasta su familia».

Loli coincide con el fisioterapeuta en que el carácter de cada uno es fundamental: «Este es el trabajo más duro del mundo. Está claro que te tiene que gustar».

¿Existen trucos o claves para sobrellevar el día a día? La auxiliar responde rápido que «es imprescindible tener sentido del humor», porque «si no llorarías todo el día. ¡Y también mucha paciencia!». Y es que esta es una virtud imprescindible para los 234 empleados que conforman el cuadro de personal de un centro como el de Oleiros?-de carácter público- que acoge a un total de 267 residentes. De ellos, casi un 42% precisan de ayuda para llevar a cabo cualquiera de las actividades diarias básicas: alimentación, continencia, movilidad, uso del retrete, vestirse y bañarse.