Dos lagunas


Las lagunas y las marismas gallegas han sido históricamente sufridoras netas de los desmanes de los hombres (y de las mujeres). Algunas se han salvado de pura chiripa, como la de Doniños en Ferrol. Otras, como las de Miño, se han visto mutiladas gravemente por la AP-9. Alguna más, en fin, como la Sacra de Olives (A Estrada) rezan el virgencita que me quede como estoy, en un entorno cada vez menos salvaje. Por eso cuando surge alguna iniciativa ciudadana hay que desconfiar y hay que aplaudir. Lo primero se explica porque gato escaldado del agua huye, pero lo segundo resulta inexcusable: existan las razones que existan atrás, la protección de una laguna permite ver la vida con un poco más de optimismo.

Incluso si la laguna no es natural. Porque la vida se adapta a todo, y la plataforma vecinal Casalonga Limpia quiere preservar el hábitat de la balsa creada por la cantera de Calo. Y pide apoyo para incluirla en la red hidrográfica nacional. O incluirlas, porque en realidad se han formado dos masas de agua. Entre la empresa que quiere reanudar la extracción de piedra (desde finales de octubre no utiliza explosivos, en un intento de suavizar las protestas que no cesan), los vecinos en pacífico pie de guerra y la Xunta que tiene pendiente contestar cientos de alegaciones, las lagunas quedan en el medio como víctimas propiciatorias si no se consigue salvarlas.

Desde luego, si yo viviera en Teo estaría con los de Casalonga Limpa yendo a mercados, como hacen, a concienciar al personal de la necesidad de parar el deterioro de ese pequeño enclave. Y como no resido ahí, por lo menos vayan estar líneas como muestra de apoyo y ánimo: el futuro es mejor con iniciativas como la suya.

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