No han aprendido nada

MIÑO

29 abr 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Uno de mis amigos de Redes me dijo el otro día en una conversación que los planes de ordenación municipal son instrumentos al servicio de los ciudadanos y que su finalidad es mejorar la vida de los mismos. Si les digo la verdad, y aunque la cuestión parece obvia, tendemos a ver estos planes como meros instrumentos de ordenación, pensando que tienen poca o nula influencia en nuestras vidas. Sin duda, esta equivocada perspectiva se debe a los innumerables desmanes cometidos en nuestros municipios, en los que las expropiaciones caprichosas, las recalificaciones interesadas y las obras faraónicas han sido el pan de cada día. En muchos de estos casos, han sido intereses bien diferentes de los de los vecinos los que han promovido las obras, y la consecuencia ha sido que políticos, constructores y empresas varias se han visto generosamente beneficiados.

Aunque no pretendo centrarme en un pequeño caso, en mi pueblo el nuevo planeamiento prevé la expropiación de unos terrenos para ampliar un aparcamiento ya existente. Esos terrenos están hoy cultivados y los vecinos del pueblo los utilizan para sus huertas o trabajos. El actual aparcamiento dispone de ochenta plazas que son suficientes para sus habitantes y visitantes, excepto en el mes de agosto y días señalados; la finalidad de la ampliación es, en consecuencia, turística.

Dejando claro que yo no tengo intereses en la cuestión, y que existen alternativas menos perjudiciales para los vecinos, este tipo de cosas me recuerdan lo que ocurría antes de la actual crisis. Muchos de nuestros pueblos costeros han quedado arrasados por obras innecesarias, rellenos y grandes paseos para el verano mientras se han desatendido los intereses de quienes viven en ellos. Áreas hoy desiertas, y basta acercarse a Miño, se han llevado por delante campos y huertas que sus habitantes utilizaban para su disfrute, para cultivar hortalizas o para sentarse al sol. Eso son los pueblos.

Sin duda, y ahora no me refiero a este caso concreto, habrá quien piense que existen mecanismos de participación pública para oponerse a estos planes, pero ese no es el problema: aquí no nos encontramos ante un asunto puntual sino ante una cuestión de modelo. Podemos intentar que nuestros pueblos tengan vida todo el año, facilitando la vida de los vecinos o, como está ocurriendo, convertirlos en un triste decorado invernal, saturados en el verano.

Si como suele ocurrir seguimos viendo los planes de ordenación como meros instrumentos de planificación, lo que les cuento no les llamará la atención. Si por el contrario, los miramos como herramientas al servicio de los habitantes de los pueblos, el cambiar huertas por cemento demuestra que nuestros políticos no han aprendido nada.