Los cuatro elementos que convierten San Antón en un paraíso en Mesía

cristóbal ramírez SANTIAGO / LA VOZ

MESÍA

C. RAMÍREZ

Naturaleza, templo, cruceiro y fuente, para no perdérselos a un paso de Santiago

25 ene 2026 . Actualizado a las 05:05 h.

Los cuatro elementos. Pero en este caso no son los clásicos (agua, tierra, fuego, aire) sino naturaleza, templo, cruceiro y fuente. En realidad serían cinco, pero del palco de música casi es mejor no hablar: cumplió su función, cuando se levantó eran épocas en las que no sobraba el dinero y la estética no importaba, pero le ha llegado su momento y cuanto antes desaparezca, mejor para la capilla de San Antón de Olas y sus alrededores.

El entorno ­­—hay que repetir, sin el palco­— vale para una foto a la que se pusiera de título «La Galicia de siempre», la eterna, la verde, la impoluta. Cierto es también que con el photoshop habría que borrar unos cuantos eucaliptos, si bien son pocos y no logran tapar la grandeza del bosque autóctono.

Quien dude de lo anterior debe coger la carretera de Ordes hacia Lanzá vía Xanceda (tiene salida de la AP-9) y cuando se ha dejado atrás el punto kilométrico diez girar a la izquierda, hacia Olas. Muy poco después se elige la mano contraria, hacia Fontao, y una vez en la aldea de nuevo a la izquierda por una pista en aceptable estado (no muy ancha, lógico) que lleva directamente a San Antón. Territorio de Mesía, por lo tanto, ese municipio que, sabiamente o no, no apostó por el turismo y sí por la ganadería de calidad, con unos paisajes de matrícula de honor.

C. RAMÍREZ

Si las anteriores líneas inducen a pensar que el viajero se va a encontrar con un gran templo, algo no está bien expresado porque la capilla de San Antón tiene una sola nave y muy alargada, no debe de datar de más atrás del siglo XVIII, sería un error que presumiera de altura y los materiales con los que está hecha son pura mampostería reforzada con humildes granitos trabajados en algunos esquinales pero que no llegan a la categoría de sillares. Su decoración es inexistente: una ventana rectangular en la fachada más humilde del mundo y una cruz antefija sobre el tejado (teja gallega, eso sí, curva) en la parte posterior. Para rematarla, le falta la parte superior del campanario y la campana.

Y con esa descripción, ¿alguien puede afirmar que se trata de un encanto de la comarca compostelana? Sin duda. Y nadie lo negará una vez que esté allí. La fuente, a medio centenar de metros de la capilla, invita a escuchar su sonido en estéreo: el agua que sale a borbotones del caño produce una música, y el arroyo del que procede, y que está ahí al lado, otra distinta.

C. RAMÍREZ

Pero además espera el cruceiro. ¿Invisible? Eso parece de buenas a primeras. Se impone continuar por la pista y encontrarlo. Tampoco hay pérdida, presume de altura, se asienta sobre cinco escalones, posee un fuste octogonal y acaba en un capitel rectangular, con el Cristo por un lado y un santo por el otro. ¿San Antonio? Pues curiosamente no: San Antoniño. «E os dous lévanse moi ben», dicen con retranca en la aldea de Fontao.

Coordenadas

43º05’54’’ N 8º17’31’’W

Para pasear

En el cruceiro nace una pista nueva pero preciosa, suavemente ascendente y que lleva a Fontao.