El gigantón de las rocas

Antonio Sandoval Rey

CULLEREDO

Ejemplar de gavión atlántico entre dos patiamarillas
Ejemplar de gavión atlántico entre dos patiamarillas Antonio Sandoval

Es fácil identificar al gran gavión atlántico entre las otras gaviotas

02 dic 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Llega volando a la roca, emite un ladrido ronco y el resto de gaviotas se aparta con apresurado respeto para hacerle sitio. Y eso que las patiamarillas coruñesas, curtidas en la gresca tanto marina como urbana, no son de las que se amilanan ante cualquier cosa. Pero es que este que ya se posa es un gavión atlántico.

Pliega sus enormes alas de dorso negro, se acomoda en el amplio espacio que le han dejado y se dispone a descansar de otra mañana mar adentro. Viene de pescar descartes en torno a los barcos que salieron a faenar antes del amanecer. Saco mi cámara y le hago unas cuantas fotografías. La brisa fría del norte se me cuela por las mangas del abrigo.

La gaviota más grande

El gavión atlántico es la más grande de todas las gaviotas del planeta. Y por lo tanto, fácil de identificar desde lejos por su volumen y su plumaje en blanco y negro. Comparado con las demás, parece un gigantón de anchas espaldas y cierto gesto de desdén en la mirada. Si cuando aparece no es para reposar, sino para dar cuenta de un pescado arrojado por las olas a la playa, ese desprecio hacia sus congéneres de menor tamaño se convierte en una violencia no siempre contenida.

Un abusón empedernido

A menudo las otras gaviotas se alejan y le dejan comer solo, hasta que se harte. Si no es así, si alguna de ellas tiene tanta ansia de un bocado que se atreve a acercarse demasiado, el gavión responde con esas formas que de un tiempo a esta parte se conocen como «un fuego y una ira jamás vistos en el mundo». El autor de la cita, ya saben, es ese mandatario de característico flequillo amarillo que gobierna al otro lado del charco. Por cierto, que hasta nuestras costas han llegado algunos gaviones nacidos en las suyas.

Debe de estar en la naturaleza de los gaviones ser abusones. Desde que son unos jovenzuelos de plumaje jaspeado de blanco y marrón. Ahí va otro ejemplo. Hace pocos años esta especie comenzó a anidar en algunos islotes gallegos. Hasta entonces, sus zonas de cría más próximas estaban en el norte de Francia. Una mañana me situé con mi telescopio frente a uno de esos islotes para estudiar las actitudes de una pareja mientras fabricaban su nido. Resultó mucho más entretenido de lo que esperaba. Su trabajo se limitó a deshacer los cuencos de las gaviotas patiamarillas que criaban allí mismo, elegir de cada uno de ellos los materiales que les resultaban más interesantes, y llevárselos. Mientras tanto, las patiamarillas les afeaban su mala educación desde una distancia prudente.

Una gaviota sombría, otra especie común aquí en invierno, pasa volando al pie de la roca con una estrella de mar en el pico. El gavión gira su cabeza hacia ella. La sigue durante unos instantes, como si calibrara si aún le queda apetito. Quizás su estómago esté satisfecho. Pero sus ganas de follón, no. Abre de nuevo las alas y va a por ella.

Las patiamarillas se apresuran a llenar el hueco que ha dejado en la roca. Hay un breve rifirrafe. Se queda con el sitio la que ha mostrado tener menos ganas de bromas. Pero solo hasta que regrese el abusón.

 

Dónde verlos

Suelen posarse a descansar en rocas altas y despejadas a lo largo de nuestra costa. También son frecuentes en los muelles del puerto o en la ría do Burgo.

Oriundos del norte

El invierno es la mejor época para observarlos. Muchos que han criado en el norte de Europa vienen hasta aquí en busca de buen tiempo y alimento abundante y fácil.