«Pasaron xa 24 horas e aquí non veu ninguén do seguro». Son las indignadas palabras de Luis Romar, uno de los vecinos de la urbanización Mansosol en la Zapateira, afectada por un pequeño tornado el martes pasado. De las dañadas, su vivienda es sin duda la más perjudicada. No solo rompieron tejas de las dos alas del tejado, sino que el desprendimiento de estas destrozó el cristal de una de las habitaciones y dañó considerablemente el jardín de la casa: sillas por los suelos, plantas rotas, vallas dobladas, etcétera.
Romar se muestra contrariado con la falta de reacción de su compañía de seguros, la misma que cubre varias de las viviendas de la urbanización. «As tellas están perigando aí enriba sen asegurar -denuncia- e na compañía sáeche un contestador automático. Poden caerlle a unha persoa na cabeza ou nun coche. De feito, eu o meu xa non o aparco diante polo que poida pasar. Onte estaba vendo a televisión e escoitei un pouco de vento e quiteino».
La única visita que recibió Romar fue la de un cristalero. Tampoco le ofreció una solución inmediata. «Díxome que tardarían máis ou menos 5 ou 6 días en conseguir o cristal», explica mientras muestra las pequeñas gotas que le caen en una de las habitaciones abuardilladas de la casa. «Eu non estou na casa en todo o día. De feito onte chamoume un veciño -decía refiriéndose al martes- e dame medo que entre máis auga». Recuerda que no es la primera vez que hay problemas con el viento: «Fai dous anos tamén caeron algunhas tellas ao chan, pero non foi tan forte como esta vez».
Resaca
Pese a que los pedazos de tejas y piedras que el tornado esparció por las calles de la urbanización ya habían sido retirados por la Policía Local de Culleredo por la mañana, la resaca aún pervivía entre los vecinos. No se hablaba de otra cosa y los comentarios conducían siempre al mismo lado: ¿qué pasaría si coge a una persona?
Aunque su vivienda no sufrió daños, María Rocha vio como se formó el tornado. En ese momento estaba en casa: «Se sintió como un silbido muy fuerte después de un trueno y, de repente, vimos que saltaban todas las tejas y los árboles. Salí y vi parte de los tejados y las chimeneas desechas. Hay interiores en los que se ha movido algún armario».
También recordaba lo sucedido Ramiro Martínez, sorprendido por el interés levantado en la zona. «Esto es una revolución, aquí todo es muy tranquilo», decía mientras explicaba en el terreno la trayectoria del tornado y las viviendas afectadas. «En mi casa afortunadamente no me pasó nada», comentó.
Por otra parte, en el Club de Golf, continuaban los trabajos de limpieza iniciados en la tarde del martes. Los grandes troncos de los árboles caídos se serraban para retirarlos por piezas y no dañar el campo introduciendo vehículos. También se revisaron los árboles, por si existía alguna rama con riesgo de caer. De cualquier modo, a excepción de las calles afectadas (de la 6 al 9) los socios del club pudieron practicar deporte ayer con toda normalidad.