Así se pone una buena mesa

ESTO ES UNA FIESTA, y a la hora de sentarse en la mesa también se tiene que notar. Tira de creatividad y saca algo más que la porcelana fina, que la comida entra por los ojos... pero el decorado, también.


Para que la mesa sea una fiesta hace falta algo más que una conversación animada y un menú de lujo. Si quieres marcar la diferencia, no basta con desempolvar la cubertería de plata y la vajilla de porcelana fina. Tira de creatividad y monta una mesa de revista para que el que se siente no se quiera levantar. Bea Arias, de Showcooking, nos da las claves. ¿A que su propuesta no te deja indiferente? Boquiabiertos nos quedamos con la mesa que nos montó en su local Next Door de A Coruña. La base es un mantel de cuadros escoceses que nos encanta. «Me apasiona el cuadro escocés, y además tiene un rojo muy navideño. Eso sí, es un poco rimbombante, así que lo que hacemos para contrarrestar ese posible efecto sobrecargado es ponerle por encima otro mantel blanco, que destaca como ninguno los elementos que vamos a poner encima», explica Arias.

La vajilla, blanca con ribete en plata al estilo más clásico y limpio. Pero nada de ponerla directamente sobre el mantel como si fuese una noche cualquiera. «Hay que poner un bajoplato para que sea una mesa un poco elegante, pero que no sobresalga demasiado del plato. Basta con uno o dos centímetros», especifica la hostelera, que añade que «en Navidad, lo ideal es que sean de fiesta, en tonos plateados o dorados».

UN CENTRO SALVAJE

Si hay algo que destaca de esta mesa es la guirnalda verde que la atraviesa. «Es un centro un poco salvaje que viste mucho y destaca por los tonos verdes sobre el blanco, con algunos brotes doraditos y unas hojas de arce teñidas en color rojo. Los centros altos o los candelabros son muy incómodos, porque no ves bien a la persona que tienes en frente», afirma Arias, que le da un toque todavía más mágico gracias a la iluminación: «Es bueno poner mucha vela, pero también hemos colocado luces entre las hojas de la guirnalda. Ahora con las de pila es muy fácil hacerlo, y le da una calidez y una luz incomparables».

Ahora bien, son los pequeños detalles los que marcan la diferencia. En este caso, nos encontramos con los navideños collares de bolas doradas a modo de servilleteros -las servilletas, mejor de tela- y unas cajitas hechas para la ocasión en las que mañana podemos meter las uvas, pero que también son ideales para dejar un mensaje a cada comensal. En cuanto a las copas, Arias recomienda dejar dos, «una para agua y otra para el vino», y cambiar la del vino si pasamos de blanco a tinto para no sobrecargar tanto la mesa, que ha de seguir la regla de no pasarnos de los tres colores básicos. Y después, a comerse la Nochevieja.

3 DETALLES QUE MARCAN LA DIFERENCIA

1. La guirnalda verde que atraviesa la mesa: Esta guirnalda un tanto salvaje que va de lado a lado de la mesa lleva mucho verde, pero también algunos brotes dorados y hojas de arce teñidas de rojo. «Es mejor emplatar todo y poner un centro así, merece la pena», dice Bea Arias, de Showcooking.

2. La iluminación: Nada aporta tanta calidez en la mesa como la luz. Nos recomiendan poner muchas velas bajas y unas luces de pila atravesando las hojas o las flores del centro que elijamos para darle todavía más magia.

3. Mimo y cuidado: Para conquistar del todo, no olvides esos detalles que solo descubres cuando te sientas. Más allá de los servilleteros, muy navideños en este caso, encontramos unas cajitas en las que puedes meter las uvas, pero también un mensaje para cada comensal.

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